El odio es creativo, pero agota.
La ira mella.
No surge del sacral ni del bazo: nace de la raíz, del plexo y del ego, motorizada.
Unos años de paz no me vendrían mal.
Orden vital.
Es sencillo. No quiero repetirme, pero —you know— salud, dinero, amor y, quizá, un poco de sexo salvaje de vez en cuando.
Cuando digo salvaje, hablo de luna llena: sacar el lobo magenta unos días y volver a la paz.
Pura homeostasis por colores.
La Debilidad (37), la Turbulencia (36) y la Víctima (55) son las sombras fuente de odios, de filias y fobias que confunden, atrapan, dominan, desvían.
La Ternura y la Compasión te dan libertad.
Pero necesitas encontrar ese arquetipo que te despierte a la luz siddhica.
Una vez que accedes a esa persona que te ilumina, la ternura automáticamente te abre el portal de la compasión hacia los otros.
Cuando el odio se diluye, te liberas del condicionamiento externo.
Simplemente eres tierno con tu dharma y compasivo con tu karma.
La ternura no es solo algo para el otro: trae también el propio perdón, la compasión hacia tu víctima.
Las células y los músculos se relajan; no hay tensión que soltar contra nadie, solo aceptación de lo que acontece.
Vivir sucediendo.
© Alf Gauna, 2025