Necesito
que
me
toques
los
cojones.
Sí,
antes
que rocen
el suelo,
o sean
pasto
de los
gusanos.
Puede
ser con
guantes
de fregar
y a oscuras
por si te
da
asco
o
vergüenza.
Con
deseo
sería
ideal,
pero,
cómo
acto
psicomágico,
da un poco
igual.
Mama,
mujer,
me los
cortó
porque
papa,
hombre,
le pegaba.
En casa
ningún
agujero
estaba
a salvo.
Ir sin cojones
por la vida
de 7 centros,
hablo para
Boomers,
con género
condicionado,
ha sido
un handicap
estratégico.
El bisturí
de la envidia
transgeneracional,
del odio
fraternal,
cizalló
el placer
anal.
La magia
de la virgen,
ese kosmos
Yin,
que
esa
noche
de verano
que
habló,
los
metió
a remojo
en formol.
Y
La Voz,
en su
Armónica
Convergencia,
cantante de
partituras
kósmicas
en compases
oscilantes
de
neutrinos,
me elevaron
al cielo
de la
receptividad
integral.
Sí,
please,
tócame
los
cojones
desssspasssito,
no,
no tengas miedo,
si raspa mejor,
el dolor por lo
visto es vida,
no,
no te confundas,
no es cuestión
de género,
es cuestión
de carne.
Es sólo
sentirme
encarnado
y los huevos
por lo visto
en mi biología
es lo que
más pesa,
el lastre para
que el globo,
no desparezca
en la atmósfera,
en el espacio,
en el limbo
de la nada
insensible
del siddhi
Y, sí,
why not,
olvidarme
del dolor
y del sacrificio
al menos
unos breves
instantes.
Un pequeño
chute
de serotonina
en un océano
de cortisol.
Please,
si giras mi
corazón
kósmico
con tus manos
me traerás
a la carne
de Gaia.
©Alf Gauna, 2023