Sexo entre Proyectores

Aviso, no voy a hablar ni de corrientes, ni circuitos, ni puertas, ni centros.

Si buscas técnica no sigas.

Voy hablar de sexo óntico, amor kósmico.

No hay ni yoes, ni tues.

Solo un nosotros como suma de no dos.

Cuando dos proyectores se abrazan y no te rayes que no ocurre tan fácilmente, pues casi todos se esconden en ropajes energéticos para poder adaptarse al sistema de 7 centros, emerge un deja vu mágico.

La sensación de soledad desencarnada que te invade habitualmente en el sexo energético muta a olor de hogar, a pertenencia óntica, a un compartir la misma piel.

La carne se hace vacío cuántico, lo personal se diluye en un vórtice, un agujero negro que hace de stargate hacia ese tobogán a modo de wormhole que te lleva al agujero blanco transegoico.

Allí donde viven todas las perspectivas, todas las direcciones kósmicas, lo ubicuo atemporal.

Sí, es un coito sin pene ni vagina, sentir la humedad vacía mojada de nada en un todo sin tiempo.

Una lluvia perpetua de placer óntico.

Unió mística.

Santa Teresa seguro que era proyectora copulaba con dios every night maybe daily para sentir la piel del kosmos en ese interregno biológico de soledad en el útero cavernicola de su celda.

“Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.”

Sí, los proyectores copulamos con el G y la cognición tonal, no me jodas con que no lo tienes definido.

Ni tantra ni milongas, puro coito kósmico entre onticos indiferenciados , biológicamente particulares.

Sexo espacial no energético ni emocional.

Memorias que se reconocen y recuerdan juntos, lo total en cualquier lugar.

Los testigos observan acojonados la inmensidad del orgasmo, el gap personal de lo incognoscible.

Sólo queda la tierna humildad de la aceptación de un efímero ahora donde el todo Es y de pronto llega la soledad vacía del No Es.

©Alf Gauna, 2024

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