Desde niño, vivo en el apocalipsis.
Anclado en la Virgen de Lourdes salía, salgo, rezando, a ese mundo exterior de zombies.
En breve entro en el septenio de los viejetes según Steiner, el noveno.
La palabra «viejo» tiene algunos sinónimos como «deslucido» y «estropeado por el uso», que hacen innecesario agregar comentario alguno. Etimológicamente deriva del vocablo «vetus», y su evolución fue la siguiente:
en el siglo XVII, veterano
en el siglo XIX, veterinario (El significado tenía relación con las «bestias de carga», es decir, animales viejos, impropios para montar y que necesitan de un veterinario más que los demás.)
en el siglo XIX, vetusto (muy viejo)
Por otro lado, la palabra anciano, es un buen eufemismo para darle una aroma honorable de sabiduría.
Eastwood dice que lucha every day para que el viejo no entre en su vida, tiene noventatantos, sabio man.
Dicho esto hay una gran cantidad de ancianos que son unos gilipollas y muchos viejos sabios.
Es cuestión de vida.
Mira el Rockerfller o mira el Mújica.
No me siento ni viejo ni anciano, sí, sabio.
No es arrogancia ni vanidad, simplemente, es algo que ha ocurrido, consecuencia de mi trayectoria vital.
Una amiga se descojona, siento el símil masculino, no se si suena bien eso de se “desovaría” de mi , cuando digo que no tengo volición.
Cuando llegas a ese septenio, te das cuenta, que la vida ha volicionado por ti.
Cuando lo aceptas, te conviertes en sabio.
Puedes soñar que volicionas, hay encarnaciones en las que funciona, no , en mi caso.
Con esto que sucede desde 2008, las subprimes, volcanes, tsunamis, Danas, Covids, apagones, guerras, trumps, putins,…como diría Arrabal el milenarismo apocalíptico ya está aquí.
Cómo os decía yo lo vivo desde pequeño, y eso que no soy ni 5/1 ni conspiranóico, solo soy testigo del programa galáctico o simplemnete de la gilipollez de la volición del supuesto Homo Sapiens Sapiens.
Para dormir siempre soñaba, sueño, que comenzaba a lo “Road” una huida en busca de un refugio autosostenible.
El karma lo identificaba con la casa en el norte de mi abuelo adultero con su maravillosa biblioteca de libros impresos en Argentina, evitando la censura franquista.

Siempre llegaba con nieve. Un apocalipsis sin nieve ni frio no me va, y como el guión es mio, pues la hay.
Llegaba y encendía la chimenea.
Cerraba las cancelas de la puerta de madera.
Y me dormía.
Lo curioso era que , aún siendo niño, casi siempre iba solo. Algunas veces metía algun hermano, algun amor prohibido, pero raramente.
No había comuna, era más tipo “Soy Leyenda”, pero sin perro.
En la buhardilla, con el telescopio del abuelo, miraba la vía láctea.
Esperaba que Mr. Spock viniese desde Andromeda para llevarme de vuelta a casa.
Sí, en esa refugio sigue escondida en la panera mi bicicleta roja d’agustin esperando, por si hay que volar como ET para alcanzar la nave de la esperanza.

Mientras, sigo soñando en ese refugio que por lo visto nunca llega y parece que nunca llegará…
© Alf Gauna, 2025