La velocidad del tiempo

No soy de streaming.

No siento que sea un problema de mi boomeritis.

Hay un bonito libro que describe cómo la velocidad del tiempo ha variado según la especie humana y cómo las civilizaciones han evolucionado.

No recuerdo el nombre. Me lo robaron.

Hablar de velocidad del tiempo quizá no se entienda. Bueno, de la percepción de cómo nuestra mente lo vive.

Aquí aparece, por arte de magia, la dichosa dualidad cartesiana. Ya sabes: la mente se mueve en el tiempo, el cuerpo en el now.

Esa mente condicionada es presionada cada vez más por estímulos externos, y siento que estamos ya en el límite de su posible gestión.

El límite llega de manera desigual para cada uno.

Ese límite se despierta cuando te das cuenta de que el neocórtex es tan cuerpo como tu hígado, tu corazón o tu intestino.

Cuando la dualidad muere en el acto serendípico de la aceptación.

La aceptación de que la velocidad no la impone la Noosfera, sino la Biosfera.

Dícese que esa velocidad temporal mutó en el 2000 con la Red, y nuevamente en 2020 con la pandemia.

Siete años para decir basta.

Pues a partir de ya, el cambio de ciclo nos traerá dos faunas:

los que morirán en la gestión del tiempo noosférico, cada vez más raudo,

y los que sobrevivirán en el ahora biosférico de lo que acontece sin recuerdos ni proyecciones.

Veo películas de los 80, pues es mi tiempo. Ahí es cuando encarné. Ya sabes: 21 añitos.

Evidentemente, cada tribu —boomers, X, millennials, zetas— tiene su tiempo y se adaptará mejor o peor a esa percepción temporal noosférica contemporánea.

Pero, a mi parecer, el límite molecular del carbono ya no puede seguir ese ritmo.

Por eso aparece el silicio y la computación cuántica, y acepta que no somos de silicio, aunque muchos “chipircuánticos” no pongan límites a nuestra biología.

Tristemente, esa velocidad que impone la vida nos mata, como ha sucedido recientemente, llevándose por delante a los que viajaban más lento.

Pues nada, aquí me quedo bailando al ritmo de mis quarks.

Haz que tu mente resuene con ellos…

¿sabes?

Tus neuronas son cuerpo.

No lo olvides.

© Alf Gauna, 2026

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