Sometimes me siento muy latino.
“Tu ya sabes, mi niña”, pasiones y morbosidades de telenovela.
Una mezcla hortera de Marc Anthony, Bad Bunny, Alejandro Sanz…
Siempre con un cierto poso boomer, of course, a lo Wendoline de Julito o el gato de Roberto Carlos.
Todo muy magenta, incluso rojo, a lo cromañón.
En luna llena se acentúa.
Es lo que hay. Lo asumo.
Hay mucha vanidad en eso de que somos seres de luz; incluso no deja de ser una ida de olla.
Yo soy un ser de luz, sí, gracias a Dios… de que antes he sido un demonio.
He aquí el problema: el paradigma estanco del this or that.
Somos procesos que, según la experiencia con el otro —y del proceso de ese otro—, hacen surgir el ángel o el demonio.
You know, vanidades humanas.
El condicionamiento cultural y religioso reprime nuestro Joker con culpas y vergüenzas o, lo que es peor, construye falsos ángeles que terminan drenados de fingir lo que no son… hasta que estallan de mala manera.
Abrir el corazón es una simple metáfora de aceptar que somos ángeles y demonios según la circunstancia, pero que no por ello vamos a evitar la experiencia.
Mi ídolo es el Constantine de Keanu Reeves, ese que está hasta los cojones de tantos falsos ángeles y demonios.
Discernir la falta de coherencia de los roles ejecutados en cada encuentro agota.
Más allá del bien y del mal queda la aceptación de lo incontrolable del proceso.
Salvo que aceptes que en tu interior hay una subrutina que rige la corrección de ese proceso.
Ese momento donde lo moral desaparece y emerge la ética, diferenciada por tu corrección kósmica.
Bueno, disfrutemos un poco de ese amor un pelín… bueno, califícalo tú…
https://youtu.be/dZ_AZZ4q3fg?is=O_cIBPxkdvXGGRrS
© Alf Gauna, 2026