Extraños en la Noche

Somos dos

extraños

en la noche.

Dos lobos solitarios

acompañados

por muertos

vivientes.

No te digo

te quiero,

pues

los extraños

dicen

que no se

pueden querer.

Quizá,

si

los

cuerpos

hablaran,

el lenguaje

de semánticas

absurdas

se transcendería

con lametazos

kósmicos.

La lengua

sabe,

gusta

celularmente.

La nariz

“moleculea”

las sales

de tu sudor,

de tu squirting

de placer.

Poco a poco

los extraños

reconocen

que “el nos”

funde

anodinos

tues,

absurdos

yoes heridos.

Piel

contra

piel,

lo extraño

muta a

regazo

compartido.

Muerta

la semántica

emerge

la fonética

de lo gutural.

Gritos

de placer,

yoes

asesinos

electrocutados

por la supernova

de la pasión

y del deseo.

El pasadizo

de la muerte,

el liminal

purgatorio

entre el cielo

y el infierno.

Allí, donde

los besos

es la alta

costura

del Balenciaga

demiurgo

del encuentro.

Sí,

allí,

donde,

lo

extraño,

muere.

©Alf Gauna, 2024

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