Entra luz por la ventana.
Para un cavernícola quizá sea excesiva, pero cuando la cosa está tranquila, se agradece.
Bueno, salvo en verano.
Ya sabes, odio el verano.
El egregor interno, mi alter ego 19.5, que habita mis intestino grueso, está en silencio.
Mi mente precavida, algunos la llaman ceniza, no se fía. Ya sabes la calma que antecede a la tormenta.
Bueno, mientras, aprovechemos el ojo del huracán para escribir quiza desde otro lugar,
La música fluye a mi alrededor.
Me he cambiado de lugar.
Parece que hay mejor energía.
Bajo estas condiciones.
Me viene hablar de lo absurdo que es esto de que todos como gilipollas sigamos temáticas preestablecidas digitalizadas en 64 bits.
Siento que no son bits, si no simples its que nutrimos de significado con nuestra vida y nuestras relaciones.
Hay 8000 millones de Íchings.
El absoluto mecánico se soslaya con el absoluto cognitivo.
El imperativo genético estratégico ha muerto con la cognición receptiva.
Un mosaico de experiencias cognitivas colorean un arcoiris holográfico que emerge libre de ataduras gáyicas.
Los rayos de sol calientan la habitaciòn. Hacía frío.
La música ambienta la extraña calma.
Su presencia desnuda corretea a mi lado.
Justa ahí enfrente se acurruca tomando el sol, adormilada me mira con deseo.
Todos se basan en la involución del espíritu y el espíritu es tonto. No sabía donde ir para enterarse de lo que va la película y se dio una hostia aqui en la tierra.
Un it molecular mutó a LUCA, nuestro primer ancestro unicelular, luego la evolución hizo el resto.
Pues eso, nada de arquetipos junguianos ni de 16 rostros de dios.
La cara de dios la pones con tu jeta con el dia a dia de tu vida.
Los arquetipos los esculpimos nosotros con nuestras relaciones resonantes o disonantes.
No hay manera me sigue mirando con deseo.
La luz la ilumina, si supiera pintar el cuadro sería espectacular.
Aunque podemos dejar la pintura para después y disfrutar de nuestras pieles.
Sï, casi mejor.
Escucho, mi colón sigue callado.
Aprovechemos.
Kosmic Koitus.
© Alf Gauna, 2024