Voy a probar a escribir dictando en vez de de tecleando.
Se me hace raro.
Pero mis manos con artrosis empiezan a estar agotadas.
Es curioso.
Necesito intimidad.
Soledad.
Me da miedo mi voz.
Grave. Contundente. Mutador.
Pero siento alivio.
Descanso.
Me gusta el tempo.
La articulación sonora, previa al envío del impulso al brazo para que tecle con los dedos, me desconcierta.
Escucharme hace que mis neuronas intestinales sopesen emocionalmente.
Es curioso el proceso.
Pon un lado me gusta, por otro me desconcierta pero por otro me doy cuenta de que es una nueva forma de transmitir.
Técnicamente hablando el canal 1- 8 es sonoro.
La fórmula de mi ser, conlleva el reconocimiento de mi rol y esperar a que haya invitaciones que no lo condicionen.
Me paro a pensar lo que digo. No fluye libremente, al teclear no filtro.
Es como si fuesen dos caminos diferentes y la mente juzgar previamente a la escritura.
Realmente este escrito, es una prueba científica.
Me relaciono con muchos 43 23 y su proceso, tengo la sensación que es natural. Aunque provenga del ajna, es algo corporal y físico.
Me doy cuenta que cuando dicto la info viene de otra fuente distinta.
Una fuente menos condicionada por la bioquímica. Me sale del pecho. no de la cabeza.
Los sonoro es cósmico, galáctico, extra galáctico.
Hay cierta paz en la info.
Se acompasa al ritmo de la respiración.
Repito, otro tempo.
Siento que comienza otra etapa de transmisión.
Mis tres canales en el G, que conllevan una voz, colectiva-lógica, colectiva-abstracta, individual- personal, siempre inundada por la ola tribal, mután.
Alguien de otra galaxia utiliza mi voz, generándola desde mi G.
No sé si estoy canalizando. No creo en esas cosas.
Simplemente me doy cuenta de que la fuente de este escrito proviene de otro lugar más allá de la bioquímica. Proviene de un lugar, previo a la química, a la bioquímica, mejor dicho.
Es un lugar donde la física habita. Un lugar previo al espacio-tiempo.
Un lugar de fluctuaciones sin emoción.
Me voy a dejar llevar.
Me tranquiliza.
Habito una dimensión, una especie de wormhole, que me permite trascender el ego.
Me permite trascender el sufrimiento egóico.
Quizás sea por la ausencia. La distancia física que solo se soslaya, en la inmensidad cuántica.
Habitar el lugar de la nada, allí, donde el vacío te une impersonalmente a lo amado personalmente.
Poder situarte en este lugar, en este sitio de sacrificio egóico, silencia la bioquímica.
La amargura, la frustración, la ira, la desilusión, muta a simple paz.
Sí, el espacio, el agujero negro de mis protones, liberan la voz cognitiva, emergiendo después de la experiencia bioquímica.
No habitas el espacio del color, habitas el espacio cognitivo.
no es lo holístico. No es ese espacio que nace de la interacción de las cuatro bases.
Es el éter previo a la yuxtaposición.
es solo materia, no siento vórtices de energéticos, no siento variación de densidades.
Es el mundo donde las ondas estacionarias habitan.
El mundo del antineutrino.
Donde no hay Bhan ni hay Thug.
Has tenido que volar, para que me sumerja en el mundo sonoro.
Allí donde la milonga del uno-seis, muere en la esencia del siete.
La nada es sonora, materialmente sonora.
Los sonidos de Universo son la fuente de la química humana.
Lo humano tañe lo kósmico.
Música y poesía son lenguajes sonoros.
La estela que deja el avión en su vuelo, abre una línea fractal de comunicación.
Es como aquel barco que extiende un cable de fibra óptica a lo largo del océano para comunicar continentes.
Sí, hay líneas fractales dentro de la nada.
Las propias pizpiretas esferas de Planck, reconocen ahora, después de la experiencia emocional, los vínculos fractales.
Sí, el espacio cuántico despierta después de la vida.
Aunque la vida muera, la cognición, recuerda.
No es alma y ni espíritu, ni conciencia, es dependencia óntica cognitiva.
Neutrinos levogiros que despiertan a los antineutrinos dextrogiros.
Si la mutación ya está aquí.El motor emocional, da paso al ser cognitivo.
Te siento, te recibo. Por otro canal, sin ruido.
Sin circunstancias. Sin sufrimiento.
Cambio y corto.
© Alf Gauna, 2025