La Profecía de Ra Uru Hu es clara.
Aunque no se entienda.
Hay un guion.
En esto de la manifestación.
Un universo preñado, sin saber quién es el Padre, gesta un bebé.
La Madre —el Tao— es Yin.
Sueña que, al parirlo, la mire, la reconozca,
y al fin le oiga balbucear: maaaamaaaa…
Un camino de cognoscere a través de un otro cognitivo;
de algún modo, el diseño de una arquitectura cognitiva.
La Big History es un storytelling retrocognitivo.
El neocórtex emergido coordina las historias sentidas y las narra.
Las narra en un breve impasse biológico-temporal,
dentro de la cuasi eternidad del proceso evolutivo.
El subproducto: dos estructuras físicas
construidas en un backstage cuántico.
Dos amplituhedros cognitivos.
Uno mamífero, otro humano.
El humano es el de, supuestamente,
un mamífero más evolucionado.
El secreto es la autoridad externa.
Autoridad externa que se basa, simplemente,
en la posibilidad de narrar la historia de la vida,
de la experiencia de tu mamífero relacional.
Un mamífero con la posibilidad de dar un feedback
que actúa como demiurgo cognitivo.
Una subrutina temporal que despierta la experiencia.
Esas estructuras —la mamífera y la humana—
volarán hacia Oberón.
Allí, encapsuladas en el Erón,
esperarán a un tercer amplituhedro
que arribará cuando Mamá Yin Kósmica alumbre su creación.
La energía oscura,
en las contracciones y torsiones de la geometría
de la malla espacial einsteiniana,
ya se siente como ondas gravitacionales.
Quizá, en unos tres o cinco mil millones de años,
Andrómeda nos traerá ese tercer amplituhedro
con personalidad propia.
Y así el Tao-Yin escuche, al final:
¡mamá… mamiiiita!
¿Será Aries? ¿Será Escorpio? 🤔
Qui lo sa…
© Alf Gauna, 2025