Siento que es difícil que me sientan.
Ya no digo si, además, intentan comprender.
La coherencia cortical desde la lógica nunca lo hará.
Y la cortical experiencial solo lo hará si comparte las experiencias contigo.
La empatía es eso: poder sentir la experiencia del otro.
Resonar, ajustar tus quarks como un diapasón kósmico a los quarks del otro.
Si le duele, te duele. Si se corre, te corres.
El proceso puede ser sonoro, quizá visual, pero casi siempre más kinestésico.
Aunque hay una forma más profunda, quizá al alcance de unos pocos y fuera de la kinestesia básica habitual:
sentir cómo el espacio que nos une hace vibrar nuestro ser.
No hay distancias, solo atención.
El entrelazamiento abre ese wormhole ubicuo que, como trompetilla, nos permite “escuchar” la vibra del otro.
El secreto es no dejar que la corteza mental busque caminos neuronales, sinapsis, de los porqués del estado del otro, de ese su mood emocional.
Ese wormhole se abre y se cierra en función de la apertura del corazón del otro.
Si entra la mente diciendo “no quiero que me escuches”, el ruido mental distorsiona la señal y el wormhole se diluye.
La Secuencia de Venus, de algún modo, es un camino para que el corazón pierda el miedo a ser escuchado o a escuchar lo que la vida nos trae, sin lógicas ni coherencias: aceptación sin más.
Esa apertura te lleva a la prosperidad y a la armonía, que quizá no tengan nada que ver con lo que tu mente podría imaginar.
Ni abundancias new age ni armonías disney irrealistas.
Simplemente la coherencia entre tus dones y los recursos que necesitas para cumplir tu propósito.
Ni más, ni menos.
© Alf Gauna, 2025