Sin Caretas

¿Se ven tanques desde la ventana de tu casa?

¿Un hongo en el cielo, allá en la lontananza?

¿Helicópteros?

No.

Pues nada, sigue tu vida.

Al final, como los galos de Astérix, que solo temían que el cielo cayera sobre sus cabezas.

La aldea gala es la metáfora perfecta de una comuna de supervivencia autosostenible.

Un trovador cantando y un druida haciendo su magia.

No es una vuelta a lo básico por añoranza, sino por supervivencia.

El mundo del Wa se ha quitado la careta y hemos visto la faz de gilipollas que tienen todos. Cualquier película de Austin Powers se queda corta ridiculizando los caretos de esta gente.

Trump es tremendo; Maduro, patético. El ruso y el chino, hienas. Los europeos, en su estupidez posmodernista, nunca se unirán y ponen caras de consenso que no se creen ni ellos. Europa siempre estuvo muerta. Los ingleses salieron por pies, pues en el fondo son la sede del Wa patriarcal de siempre. Lo que pasa es que su mala sangre se fue para Yankilandia y ahora los nuevos ricos, horteras, rompen el glamour y el postureo inglés.

España, as ever, is different: reino de taifas, de heridas históricas sin solución.

Solo nos quedan las tapas y la cerveza.

Verlas venir.

Eso: mirar por la ventana y, si eso, seguir.

A mí solo me va eso de sentir.

Pero se necesitan más de uno.

Por eso, a veces, huyo más allá de la atmósfera.

Sentir la nada vacía del cosmos.

Hay una supuesta paz, un gota a gota que amortigua el motor de la emoción.

Sentir es epigenético. Se sienten historias vividas y revividas.

La genética y lo transgeneracional son una patraña.

Pues la vida se vive en la epi, en el entorno: es Dasein, no Ser.

El Ser es una milonga mito-religiosa-filosófica.

Siempre.

Siempre.

Estás ahí.

Incluso muerto.

© Alf Gauna, 2026

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