Good Vibrations

Eso de disociarse está mal entendido.

La gente que ha tenido algún episodio traumático, normalmente, según dicen los psicólogos, sobrevive gracias a disociarse.

Pero ¿quién se disocia o de qué se disocian?

🤔

Yo ahora me estoy disociando de lo que siento escribiendo.

Me voy a la mente.

Si no, seguramente estaría haciendo el amor, que es lo que pide mi diseño.

De algún modo, es una herramienta para trascender el motor emocional.

Pero ¿cuántos aliens nos habitan?

¿El cuerpo? ¿La personalidad consciente? ¿El alma testigo? ¿La mente del No-Ser? ¿El espíritu holístico, ese quantum del DH? ¿Nadie?

¡Qué lío!, ¿no?

Los advaitas lo tienen claro: solo hay it.

Uff, qué alivio.

Una buena manera de evitar la esquizofrenia encarnatoria.

El lenguaje tiene la manía de imponer sujetos, ya sabes, pronombres personales.

Se dice que es para entenderse mejor.

Pero yo nunca sé quién me habla.

Si tú o tu no-tú.

Yo he aprendido a trascender el lenguaje y escucho la música, la melodía vibratoria de tus quarks.

Sí, soy un diapasón.

Pura disonancia o resonancia.

You know, cuestión de frecuencia.

Sin más.

Ni semántica, ni sintaxis, ni ortografía.

Pura música.

Por eso, cuando sano, contagio.

Un poco como la Castafiore de Tintín: a veces hay que emitir tonos que hagan estallar a la víctima cristalizada, para que pueda renacer el don de la carne.

Muerto el sujeto, emerge el objeto cósmico encarnado, fundido en el entorno de Gaia: la humilde aceptación del Dasein.

Múltiples objetos encarnados que componen juntos la sinfonía del amor existencial.

Sin palabras, solo coitos vibracionales, a lo Cocoon.

Las palabras se las lleva el viento del No-Ser…

© Alf Gauna, 2026

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