Una vez superadas las milongas del imperativo genético
y de la metafísica cultural homogeneizada del amor,
solo queda una cosa:
La compañía.
Estás conmigo o no estás conmigo
en este trayecto existencial que nos ha tocado.
Of course, si yo estoy o no con te.
Existir es amor,
y quien te acompaña te ama.
Acompañar es estar, no es ser,
pues aquí es Dasein.
Ambos estamos ahí
y, si nos acompañamos, nos amamos.
Vale, la mente vendrá con sus milongas homogeneizadas,
nuestras sombras, con nuestras heridas
y las de nuestro árbol.
Ese to be or not to be puede traer confusión, you know;
también puede ser
“estar o no estar”: esa es la cuestión.
Estar es presencia.
Presencia es ser ahí.
El estar presente implica tener tu ser.
Pues puedes ser Ser sin estar.
La distancia no es buena.
Lo virtual tiene trampa.
Einstein fue claro:
distinto espacio, distinto tiempo.
Estar ahí es presente,
y presente es ahora,
y ahora es aquí.
Luego vinieron los “chipiricuánticos”
y plegaron el espacio con sus wormholes
y su campo fuente que todo une.
Pero el carbono no se pliega:
se lame, se abraza,
se huele, se toca.
Aquí.
Ahora.
Vivir desde el Ser
es no aceptar la vida del carbono.
Es ser alma.
Y el alma no existe.
Vuela por el espacio
buscando existir
para poder lamer.
© Alf Gauna, 2026