Soy un Agent provocateur
Para contagiar hay que provocar.
Provocar es seducir.
Bueno, si eres un poco cabrón, algo muy de proyector amargado, puede ser también manipular.
Lo de siempre: cuestión de significantes sesgados por la moral.
En el fondo es arañar para sacar a la víctima del armario.
Hasta los 21 no encarnamos del todo; si me apuras, hasta los 29, cuando en teoría tu cuerpo se sitúa en su entorno supuestamente correcto o ideal.
En este proceso saturnal se graban la herida y los mecanismos de protección desde donde emerge ese “yo víctima” (YV).
Ese “YV” deambula de un ambiente a otro buscando su sitio y su gente correcta.
Claro, somos un diapasón de quarks que, sin darnos cuenta, emitimos frecuencias que, a modo de sirena, llaman a un Ulises o una Ulisa —si eres binario no sé ya cómo poner las vocales— en una búsqueda inconsciente de nuestro camino y de nuestro sitio.
El Sol y la Luna de Diseño, sus claves-puertas-líneas-colores-tonos, se encargan de ser los blazers que emiten la señal de “SOS”.
Evidentemente, emiten en un rango de frecuencias de sombras, miedos, ansiedades e inquietudes.
A la llamada, la vida acude con characters —personajes en inglés, la pongo así, me gusta la palabreja— que de algún modo nos enfrentan a esas sombras.
Se abre un camino, que algunos llaman Karma: una trayectoria inversa que, como una cebolla, desarbola las capas de protección desarrolladas en ese proceso encarnatorio de los 21 a los 29 años, para enfrentarnos como niños desnudos a esas heridas grabadas a cincel, como si ganado cósmico fuéramos.
Es un camino de contemplación no causal. No sigue lo temporal lineal, sino la serendipia y la sincronía.
Un estar atento a las señales del cuerpo, cuando alguna experiencia con algunos de esos characters actúa como trigger de esas sombras.
Un buen tip es aceptar que es un proceso impersonal: esos que vienen no vienen a dar por culo porque sí; los trae la vida porque has sido elegido —siempre hay que seducir la estima del Yo— para sanar y poder vibrar de otro modo, abrirte a la vida —llámalo abrir el corazón si quieres— y compartir orgánicamente tus dones con prosperidad y armonía allí donde el propio organismo vital decida.
Yo solo soy un agente provocador que quiere seducir a tu víctima para que se anime a salir del armario y, con mi cruz, contagiarte de amor a tu vida.
A tu existencia.
© Alf Gauna, 2026