Los proyectores estamos demasiado presentes.
No nos damos cuenta de que los generadores prefieren no estarlo.
Es lógico: ellos están presentes exclusivamente en su tarea, aunque el mundo se desmorone a su alrededor.
Por otro lado, para aquellos a los que este lenguaje les chirríe, solo decir que estar en la mente tampoco es estar presente.
Y sí, la mayoría está allá arriba.
La presencia acontece a hostias, como con la pandemia, con las enfermedades graves, con las tragedias o con la muerte.
Por eso se dice, sobre el finado, “lo de cuerpo presente”.
Yo bajo al cuerpo cada día al cagar.
Sangro y me duele, eso me hace estar presente, quiera o no quiera.
Proyector sangrante, doble presencia.
Estar demasiado presente es jodido. A mí me acojona.
Me acojona un poco de más, pues mi puerta 21 es muy controladora y sentir tanta ausencia me lleva a intentar interferir o manipular para que no salgan mal las cosas, al menos para tus seres queridos.
Mal asunto, pues ya de por sí mi gestión energética es problemática como para drenarte de más.
El proceso consiste en aquello de “pasar de todo”, “lo de fluir”, lo de “virgencita, que me quede como estoy”, o simplemente, rezar.
Y aquí ando, en mi cueva, rezando para que los tanques de Putin se queden sin gasolina, o que Melania controle a Trump azotándole como buena dominatrix, o mirando escéptico a una Europa hablando de coches eléctricos, o intentando liberar a Willy.
🤷♂️
© Alf Gauna, 2026