Cada vez me siento menos culpable.
Cuando ves las orejas de la muerte por doquier, te das cuenta de que es, junto a la vergüenza, lo que más nos condiciona.
Se dice en la Hologénesis del Camino Dorado —mitología que nutre su filosofía de vida— que todos nacemos con una de las 6 heridas kósmicas que emergen en el Big Bang, lo manifestado, que se nos marca a cincel en el útero de mami, en la línea del hexagrama (clave genética / puerta DH) de Marte, a los 88 días antes de nuestra presencia consciente en la malla espacio-temporal.
Represión (1), Negación (2), Vergüenza (3), Rechazo (4), Culpa (5) y Separación (6).
Heridas que se retroalimentan en la interacción.
La culpa provoca vergüenza, la negación provoca represión y la separación, rechazo.
En las Secuencias de Venus que guío hay un primer paso que suele ser fundamental: despertar a lo impersonal del proceso de sanación de esa herida.
Todos estamos enmarañados con nuestro ego en nuestra supuesta biografía y es difícil aceptar que la vida es un gran teatro con guiones preestablecidos donde nosotros simplemente actuamos como personajes de un proceso mayor que no alcanzamos a ver.
Nuestro acervo cultural de origen y nuestra educación son el siguiente paso a relativizar, pues de algún modo amplifican esas heridas.
Repasar la biografía de cada uno sin las gafas personales y culturales que nos distorsionan es la base del método contemplativo que nutre el proceso.
Es evidente que casi todos llevamos algo de todas esas heridas en nuestro interior, la mayoría de las veces por esa interacción cultural y familiar, por resonancia o incluso por disonancia.
Reprimir (1) es guardar el sufrimiento en nuestro interior.
Cuando se nos niega (2), nos invade la ira. Ya no podemos guardar más ese sufrimiento dentro y estalla en algún momento. Solo mira afuera, nunca mira dentro.
La cosa se va complicando y compararnos nos lleva al desprecio de nosotros mismos, que desemboca en vergüenza (3). Eres tan indigno que te encierras en ti mismo para demostrarte a ti y al mundo que lo eres.
Nuestro miedo al abandono y al rechazo (4) hace que construyamos una armadura de protección alrededor de nuestro corazón. Y lo peor es que comenzamos esa mecánica de rechazar antes de que nos rechacen.
Aunque la vergüenza y la culpa (5) tienen patrones similares, su expresión es diferente. Una huye a través de la actividad; la culpa, a través del poder. Se alimenta de las luchas de poder y aprende a manipular a través de la propia culpa.
Como siempre, la (6), la separación, es el dilema eterno de la dualidad cuerpo-mente: sentirnos separados de la existencia. Vivir en el Ser y no aceptar el Dasein.
Ser honestos (1) con nosotros mismos, seguir lo que fluye fácilmente (2), el humor (3), resonar con la gentileza (4), perdonarte y perdonar (5) y el autocuidado (6) son caminos para abrir el corazón a la vida.
Relájate y anímate.
Todo es una peli, aunque a veces parezca una “Stranger Thing”.
© Alf Gauna, 2026