Retransmitir

Estamos en un mundo de redes donde se privilegia la comunicación.

Y la comunicación, según estudié de niño, requiere, aparte del emisor, un receptor y un feedback.

Es un hecho noosférico que soslaya lo fisioesférico y lo biosférico.

Anclado en lo cultural, en lo simbólico y, por ende, en una historia anidada de mitos de lo dado.

Soy consciente de que es difícil trascender el éxito humano, incluido su ego, y de que puede sonar teleológico, pero las huellas kósmicas, leídas retrocognitivamente, hablan de una continuidad que no se basa en la comunicación sino en la retransmisión.

El hecho noosférico, basado en el supuesto de lo consciente, ha roto esa continuidad y ha privilegiado o lo de dentro o lo de fuera, al emisor o al receptor, estableciendo un centro virtual.

La realidad kósmica no tiene centro; aunque en lo biológico se sueñe con ello, el proceso es liminal.

Liminal significa que lo cognitivo evoluciona mediante fronteras que encierran complejidades más ordenadas, que interactúan con un supuesto desorden que queda fuera para optimizar la cognición.

Esas liminalidades temporales retransmiten el feedback del proceso y encuentran su camino fractal mediante resonancias.

No hay ni emisor ni receptor, pues no hay centro: es un continuo de “entres” que conectan redes de “entres” temporales, cuyas huellas quedan marcadas fractalmente en el fondo kósmico de neutrinos.

En la holografía de los fractales emerge lo cognitivo.

© Alf Gauna, 2026

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