Nocturna Seducción

De pequeño me quedaba hasta la madrugada oyendo un programa de radio.

Se llamaba Cs y buen viaje… Lo patrocinaba un aceite para coches.

El locutor tenía una voz bonita, como casi todos los de la época.

No recuerdo bien las temáticas; creo que algo de ciencia ficción y de serendipias arqueológicas extraterrestres, a lo Von Däniken.

Sí recuerdo bien el porqué.

Cuando la casa se quedaba en silencio de gritos y peleas.

Llevo toda la vida durmiendo como los perros, ya sabes, con un ojillo abierto, por si…

Si te duermes, te sodomizan. Las serendipias de la vida hicieron que, 30 años después, un cirujano me dejara el culo mirando a Roma.

Sí, un puto vía crucis, llevando la cruz en el ano.

Dicen que con la edad el nervio auditivo se va deteriorando y pierdes audición.

No sé.

Recuerdo dolores de oídos intensos… uff, qué mal rollo.

Ahora solo quiero oír lo que me nutre y, a ser posible, al calor de la intimidad de la noche.

Dicen que el canal 1-8 es sonoro, de voz. Yo solo escribo, y la voz solo para los íntimos. Muy 4 en el cuerpo.

Sí, también tengo otro trauma: una salvaje operación de amígdalas. Solo recuerdo vomitando sangre, y más sangre.

Los proyectores tenemos un problema: aparte de nuestra extrema sensibilidad, se nos quedan grabadas las cosas. ¿Por qué? Por nuestro exceso de presencia.

Tengo más traumas, pero vale por hoy. Que Jesusito resucitó.

Las melodías de seducción nocturnas habitan el alma y el cuerpo.

Sí, cuando los orgasmos tienen sentido cósmico.

Eyaculando supernovas que mutan el agujero negro del dolor y del recuerdo, que, soslayando el espacio-tiempo a través del agujero de gusano del placer, emergen en el agujero blanco del sueño y del descanso.

Dormir en paz, aunque sean unas pocas horas.

© Alf Gauna, 2026

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