Reconocimiento

“Cuando te llegue, ya te dará igual.”

Una vez me dijeron esto, hace muchos años.

No quiero dar la sensación de ser desagradecido con quien me reconoce, ni la de ser un sannyasi zen que ha trascendido el ego; pose que aborrezco, no por humildad, sino por la falsedad de la mayoría que la ejercen.

La frecuencia de mi ADN se mueve en ese puente experiencial entre las sombras y los siddhis que nutren ese “ya da igual”.

El don, por sí mismo, dura la etapa de la madurez: desde el septeno de Saturno hasta el noveno septeno, el de los 63.

Entre el viejo amargado que evita esas relaciones que despiertan las sombras no trascendidas

y el sabio anciano que reconoce la cercanía siddhica del mundo de la muerte y de la nada.

La exquisitez (8) solo espera el reconocimiento de seres especiales.

La absurda generosidad (14), casi siempre mal entendida.

El aligeramiento de ese deseo (30), que me lleva a una especie de rapto por esos seres especiales.

La lucha entre los compromisos (29), en la que te das a medio gas o a la devoción de la entrega absoluta, casi siempre mal entendida por no ser de este mundo.

Un liderazgo (31) escondido por mis nodos de diseño, que te hacen aún más arrogante.

Una búsqueda solitaria de la pureza (12), vilipendiada siempre por la vanidad proyectada en la mirada del otro.

Unas expectativas (42) trascendidas por la propia aceptación de la realidad.

Ese continuo camino de mutación que libera (55) a la víctima per se.

El camino del sacrificio (19), como trascendencia del ego, donde al final del camino la propia palabra deja de tener sentido.

Dejar de reaccionar (49) para simplemente revolucionar el propio ser y renacer.

Esa ternura (37), la esencia que acaricia la debilidad de tu ser para su empoderamiento y acepta su igualdad.

La devoción creativa (29), devorando la sangre y el hígado de lo amado como acto extremo de comunión (45), y así ser absorbido por el agujero negro de la fuente de la que todo emana (41), en la que todo se diluye como un Uróboros sin fin.

La Gracia (22) lo permite: es involución que nutre la evolución para liberar a la Víctima (55).

En la que no creo, pero que sucede.

Al final , sólo queda un ser de carbono que quieren que le besen, besar, que le acaricien, acariciar…

© Alf Gauna, 2026

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