La serendipia nos ha colocado en ese punto correcto de la malla espaciotemporal de Einstein para poder observar la Big History.
Somos diapasones de quarks que resuenan, o no, cognitivamente con la información multimensajero que nos llega de esa máquina del tiempo que es el Kosmos.

Datos en forma de ondas gravitacionales, neutrinos, rayos cósmicos, espectro electromagnético o sonoro, y quizá alguno más.
Astrónomos per se, más allá de nuestro aparataje técnico.
En algún momento, todas las galaxias se saldrán de nuestra vista y quizá nuestra biología solo haya sido un pequeño sueño de verano, y el carbono, innecesario por vulnerable, mute a silicio.
Puedes, si quieres, especular con intenciones y teleologías, pero la esencia es un simple testificar.
Una mirada retrocognitiva para encontrar continuidades más allá de lenguajes antropomorfos.
Soslayar los dimes y diretes de supuestas verdades y bondades absolutas.
Para llegar a la única mayúscula.
La Belleza.
El Arte de unir mágicamente los puntos de las huellas liminales.
Arqueólogos de la Gran Historia.
© Alf Gauna, 2026
Los ojos como platos
Me gustaMe gusta