Sin Respeto

Me gusta el, para mí, impronunciable.

Más por pereza que por dificultad.

Byung-Chul Han.

¿Sabes?

Ya no me hace falta leer para sentir un libro.

Voy a una librería y, entre miles de técnicas fast and furious de ayuda inmediata o de supuestas verdades absolutas que cambiarán tu vida, mi tono 6 toca, como por magia a lo Harry Potter, aquello que es.

Es como si simplemente los no-libros se fundieran a negro y, a modo de highlights, sobresalieran los otros.

En la holografía de la librería, mi fractal resalta.

Tengo una amiga que me da por culo con los niveles de consciencia. Creo que es más por joder que por nada intelectual. Es muy suya, extremadamente post-turquesa, aunque ella se “desovaricie” del término. Pondría «descojone», pero la época manda.

Post-turquesa para mí es una metáfora del Respeto, de esa crisis social de la que Han habla en su libro, donde el sin respeto es la esencia.

Aquí, en este país en el que habito, lo vemos cada día. De hecho, la TV se basa en eso. Salvo aquellos que respetan a quienes ostentan el poder.

Por la época hippie, allá por la revolución de Mayo del 68, surgió la esperanza verde. Sesenta años después está muerta.

Vendían un posmodernismo de respeto a todos, pero lo imponían sin respetar la individualidad y la diferencia.

La prepotencia amarilla sistémica, que de algún modo abría la consciencia de segundo grado, surgió poco después, entre los 70 y los 90. Cuarenta años después, una parte de aquella potencia sistémica parece haberse desvirtuado. No porque no exista gente viviendo Amarillo con fines propios del segundo grado —la hay—, sino porque buena parte de sus herramientas han terminado en manos de una lógica mucho más antigua.

Rojo aprendió a utilizar Amarillo.

Los imperialistas tecnofeudales de GAFA y las IA disponen hoy de herramientas sistémicas capaces de conocer, segmentar, predecir y dirigir mercados enteros.

La nueva cara de los rojos, que se disfrazan de azul, naranja y verde para vender y dominar al 95 % del target de mercado, usando lo amarillo como herramienta.

Pero cuando digo 95 % Sin Respeto no hablo de buenos y malos.

Ni siquiera de personas respetuosas o irrespetuosas.

Hablo de desde dónde se mira al otro.

Un azul puede respetar profundamente. Pero respeta desde la moral de su religión, de su tradición, de su ley, de aquello que considera correcto.

Un naranja también puede respetar, pero desde su individualidad, su mérito, su libertad o sus reglas de juego.

Y un verde puede proclamar el respeto universal mientras exige que los demás respeten su propia definición de lo que significa respetar.

Cada uno respeta.

Pero respeta desde sí mismo.

Mientras necesite que el otro comparta mi verdad, mi moral, mis valores o mi manera de entender el respeto para poder respetarlo, sigo, de algún modo, sin respetarlo.

Quizá por eso el verde, paradójicamente, puede llegar a ser el que menos respeta:

Respeta a todos.

¿Y si no comparto tu definición de respeto?

Entonces eres intolerante.

El paso desde esa consciencia de primer grado, que se basaba de algún modo en «estás conmigo o estás contra mí», hacia un amarillo que se abrió a entender sistémicamente al otro desde el sistema del otro introdujo una posibilidad diferente de respeto.

No necesito que seas como yo para comprender desde dónde estás mirando.

Pero quedó en agua de borrajas.

Pues por eso: quedó en pensamiento y muy poca gente realmente lo sintió, lo corporeizó.

Amarillo pudo comprenderlo.

Otra cosa es corporeizarlo.

Ese turquesa quedó para cuatro gatos.

Y lo post-turquesa, simplemente, como anécdota intelectual.

Han, como observador, de algún modo testifica la Crisis Social del Sin Respeto.

Y hace lo único que un post-turquesa puede hacer: mostrar por sí…

Sí, por si a alguien le resuena y se da cuenta de que esto no es una cuestión social, sino una crisis de identidad individual previa a lo grupal.

Y ahí es donde los que todavía tengan esperanza deben dirigirse.

Yo, como Han, solo escribo, describo y no, no sientas que denuncio, aunque mi tono sea emocional.

Solo es una variación tonal.

Él cuida su jardín escuchando las Variaciones Goldberg de Bach.

Yo cuido mi cuerpo escuchando a Earth, Wind & Fire.

© Alf Gauna, 2026

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