El argumento vital del Diseño Humano cada vez cobra más sentido.
Es simple.
Sigue tu guía interna. No me gusta la palabra «autoridad»; lleva demasiada carga histórica.
Es evidente que es necesaria una etapa previa de limpieza del ruido externo y de las propias heridas biográficas y transgeneracionales que nos impiden escuchar esa voz interior.
Relativizar el Superyó escondido en el condicionamiento y la homogeneización y, de algún modo, posicionar esas heridas que nos alejan de nuestro Dharma.
Parece sencillo, pero ahora, con el bombardeo de las redes, se hace mucho más complejo.
El asunto va más allá, pues ahora la IA evalúa tu No Ser en tiempo real para alimentarlo y, de algún modo, esclavizarte con sus algoritmos.
Sí, Siri y Alexa son la verdadera trampa.
Viven, comen, cagan, duermen, follan contigo.
Son los data receivers.
Y no, no cogen tu Ser.
Cogen tus heridas.
La data del miedo y la necesidad.
Una Thermomix de colores 1 y 4.
Y el Pantone resultante es money para los nuevos Señores Feudales del Capital: las tecnológicas y su IA.
Encontrar tu Ser por resonancia fractal se hace casi imposible, pues la mayoría de los influencers —bueno, ahora todos pretenden serlo—, muchas veces sin darse cuenta, venden sus heridas.
Me diréis: alguno habrá que no.
Te diré: alguno.
Es un poco como Indiana Jones en busca del Arca Perdida: toda una aventura.
Esa guía interna, en este 27 que ya llega, será fundamental.
Para los que no se mueven en el DH, puedes llamarlo sentido común: una mezcla de racionalidad, intuición, emoción y metacognición en tiempo real.
Sí, el tiempo real es el nuevo desafío.
Cada vez habrá menos tiempo para responder. No da tiempo para definir estrategias, salvo que tengas casa y dinero para aguantar.
La nueva estrategia es receptiva.
Lo receptivo es la estrategia del ahora, el timelessness.
La estrategia y la autoridad del DH se complican. La guía interna sigue ahí, pero el tiempo de respuesta cambia porque el entorno aprieta.
La gente del DH se llevará las manos a la cabeza, pero el control, al final de la Transformación Radical (TR), lo toma la sabiduría mundana y trascendente: la metacognición, el sentido común de la experiencia resonante y disonante.
Sí, es eso lo que falla.
Más que nada porque casi nadie completa el proceso y normalmente hablan antes de tiempo, antes de completarlo.
La dualidad cuerpo-personalidad muere al final de la TR, pues el cerebro es cuerpo y el proceso de aprendizaje de la Psicología del Rave es, finalmente, un simple juego del despertar de un sueño.
Sí, al final, la autoridad interna —mi guía interior— es un todo único donde la mente se diluye en la metacognición celular.
Allí donde ese Descartes que nos lleva dando por culo 400 años —todo el puto Ciclo de la Planificación— al fin muere.
Nietzsche fue más allá del bien y del mal, mató a Dios.
Se tenía que haber cargado a ese también.
© Alf Gauna, 2026