Los besos
pecan.
Culpan.
Lamer,
sí,
sin labios,
ya sabes,
con lengua.
Maybe.
No.
Venga,
do it,
dale,
a lo argentino.
Digitalizo
cada poro.
Saboreo.
Continúo.
Me paro.
Profundizo.
Incluso
olfateo.
Todo
limpio,
sin labios.
Cuando me aproximo
allá,
donde anda
el hígado,
la piel
sabe a alma,
sabe a ser.
Inhalo
como LSD
kósmico.
Y…
alucino.
El wormhole
of my room
se abre
y apareces
debajo de mi
edredón.
Me abrazas.
Acaricio tu pelo.
Beso
tu frente.
Y peco,
sin miedo,
sin culpa.
Solo
la ligera,
tierna
adoración
del devoto
de tu Ser.
Quizá
amén,
o quizá
un simple
sueño más
de
seductor.
© Alf Gauna, 2026