Mis retornos son curiosos.
Saturno: 29 años.
Oposición de Urano: 39.
Quirón: 49.
2.º Saturno: 59.
Cada 10 añitos.
Para cuando la espiche —si llego—, la vuelta completa de Urano será con 82 tacos.
¿20 añitos more?
Maybe yes, maybe no, I don’t know.
Pues eso: con 20 añitos estaba en 2.º de Físicas. No era buen estudiante; simplemente iba a clase, o mejor dicho, iba a la facultad y luego, según estuviera el ambiente en el bar, me acercaba a clase… o no.
No sabía que a los receptivos no nos hace falta estudiar; lo debí sentir por intuición natural.
En 2.º estudiaba:
Mecánica y Ondas, Termodinámica, Análisis Matemático II, Métodos Matemáticos para la Física I y Física General II (Técnicas Experimentales I).
En tercero:
Óptica, Electricidad y Magnetismo, Mecánica Cuántica, Métodos Matemáticos para la Física II y Física III (Técnicas Experimentales II).
Ese período, 1982–1985, fue un intervalo de soledad entre dos relaciones.
Con esos 23 añitos ya llevaba 10 de búsqueda kósmica, probablemente sin ser muy consciente de ello.
Cuando escucho cierta música se me despierta su recuerdo.
El recuerdo de la independencia, de la individualidad más allá de lo tribal, de lo colectivo.
Mi Sol no deja de estar en un canal del circuito individual.
De algún modo, mi individualidad —la expresión no condicionada de mi rol— es esencial para mí.
Es la fórmula de mi Ser.
No porque lo diga el DH, sino porque así lo siento ahora, después de 63 años de experimentación.
Claro, la vida te lleva por los derroteros del karma transgenético y epigenético, y del imperativo kósmico —que no genético—, que te hacen portador de la semilla para traer a dos seres esenciales para el proceso kósmico.
Ante eso, el ser queda a un lado, pues el Dasein obliga.
Ayer se cerraron 40 años desde aquel 1985, y sentí la necesidad de respirar esa época durante algún tiempo.
La puerta 40, la 12 y la 33 piden soledad, mood y retirada.
La expresión de mi rol necesita apoyos que no la condicionen.
Desde hace un par de años, ese apoyo apareció en mi vida y quizá, con algún golpe de suerte, pueda respirar un nuevo intervalo de quietud tribal para sentir quién soy.
Dejar de ser proyector que se pregunta quién es el otro, para simplemente ser uno mismo, sea lo que sea que signifique eso.
Soy receptivo. Quizá el universo relaje las necesidades estratégicas para poder observar el kósmos y dibujar acuarelas escritas de cómo mi cuerpo reverbera las ondas gravitacionales y el mar de neutrinos.
La Verdad quedó atrás: milongas estratégicas.
Solo hay Belleza y un artista que pinta con el Pantone de sus quarks.
© Alf Gauna, 2026