Amor sin circunstancias

¿Cómo se vive el enamoramiento?

No hablo de qué coño es el amor.

Hablo de cómo sientes el amor.

Más que el amor, ese conglomerado de sensaciones que la atracción supone.

Y la atracción no es solo eso del imperativo genético del que habla el Diseño Humano.

Lo primero que hay que afirmar es que es algo holístico.

Que probablemente lo kósmico, lo transgaláctico, lo galáctico, lo solar, lo gáyico, lo transespecie, lo transmamífero, lo transhumano, lo transgeneracional, lo genético, lo transepigenético, lo epigenético-autobiográfico, lo educacional, lo transgénero, lo cultural-tribal, lo transcivilizacional y lo circunstancial-relacional confluyan en un cóctel muy heterogéneo en nuestra bioquímica hormonal, en nuestra cognición, en resumen, en nuestra hermenéutica.

Nuestro cuerpo y el pedo de nuestra mente se suman en un quantum bipolar, luchando primero por entender y casi nunca por sentir.

La filosofía de vida del DH, más allá de su mierda pedagógica, realmente nace de una cosmología muy sencilla:

siente la experiencia y luego aprende a comunicarla según tus filtros como sensor kósmico diferenciado.

Ok.

Entonces tenemos solo un cuerpo donde ese neocórtex que separó Descartes realmente es un sensor más del cuerpo.

Todo el cuerpo, un conglomerado de células especializadas por órganos y sistemas, aprehende —fíjate que con h— y apercibe.

Vive la experiencia, siéntela y, una vez soslayado el ruido del condicionamiento, aprende a comunicarla.

Sí, esa mente se reduce a una corteza que simplemente comunica lo vivido.

Si somos más finos, el DH deja claro que hay como dos modos: uno que simplemente gestiona lo mundano y otro que comunica lo trascendente.

Y no se te vaya la ola a lo espiritual. Comunicar lo trascendente es simplemente fractalizar, arquetipizar y optimizar cognitivamente los calderos vacíos de los prototipos kósmicos, esas bases que conforman la metáfora de cristales de conciencia.

Ahora bajo a la tierra.

Y vuelvo al enamoramiento.

Vuelvo a cómo quizá enamorarse es encontrar a aquella persona que resuene con cómo tú sientes la atracción.

Atracción no solo entre nosotros, sino por la vida misma.

Vida y existencia, único amor per se.

Comunicar ese arcoíris de evolución kósmica que todos llevamos dentro.

Siempre y cuando las circunstancias de lo mundano no desborden tu manera genuina de sentir.

© Alf Gauna, 2026

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