Hay gente que vive en la noria temporal de la causa-efecto.
El tiempo está en la mente, y solo con dinero es posible mantenerlo según el ego y no según la vida.
Claro, siempre y cuando la naturaleza no ponga ese ego en su sitio.
El cuerpo vive según el tiempo de la vida, y la vida no es tiempo: es frecuencia.
Simple resonancia o disonancia.
Lo que la gente llama serendipia o sincronías, cuando se da cuenta o comienza a estar presente corporalmente, no es un acontecimiento especial.
No, no lo es. Es lo que tiene que ser. Lo único que sucede que no sea un sueño preprogramado por la mente. Puede coincidir alguna vez, pero no demasiadas.
Eso de lo que habla el DH, de esperar —por cierto, explicado con el puto culo por ellos mismos—, es simplemente esto:
Cambiar el tiempo por la resonancia o disonancia en frecuencia.
Realmente no hay espera, pues son como dos líneas en paralelo: en una, la mente sueña que espera; en la otra, simplemente sucede, y el cuerpo no se da cuenta de ningún intervalo.
El Covid nos dio un buen revolcón temporal: nos despertó a que esa línea de la frecuencia corporal es la vida y no el ego humano.
No, no es ese “vivir el ahora” o ese “no desees nada”.
No, no lo es.
Es simplemente darse cuenta de lo que sucede, aunque la mente se empeñe en hilarlo temporalmente.
Hay que dar alpiste a la mente, pues es una adicta.
Tener el mono tranquilo para que no dé por culo.
Y ya sabes: mimar al cuerpo.
¿Fácil?
© Alf Gauna, 2026