Con esto de las redes se nos olvidan los líderes invisibles.
Esos que, con su día a día, hacen que la cosa funcione.
Presencia sin llamar la atención.
Zapatero a tus zapatos.
El barrendero.
Imagina ese hexagrama 31.1 que habla del liderazgo y cómo, con una mecánica de ego sin definir, puede amplificarse y distorsionarse.
En verdad, un líder puede ser invisible y liderar a través de un servicio hábil y humilde, arraigado en una mística sencillez. Como bien dice Richard en ese I Ching que está por venir.
Siento que habrá un antes y un después cuando Richard Rudd lo publique.
Un gurú puede liderar con sencillez desde la madurez, la ternura y la humildad.
Ser gurú no es malo.
Lo malo es el mito de lo dado.
Maduro, porque casi siempre han sido inmaduros, fundamentalmente por machismo y represión sexual.
Tierno, porque casi siempre han sido fríos y distantes.
Humilde, porque casi siempre han sido narcisistas y soberbios.
Necesitamos que lo yin impregne el concepto de gurú.
Sí, necesitamos guruesas.
No para ocupar el lugar de los antiguos gurús, sino para transformar el propio arquetipo del gurú.
Conozco alguna.
Están en ello.
Y ese ello consiste en matizar los excesos yang con matices exclusivamente yin.
No es una cuestión de género.
Es una mutación cognitiva.
Una nueva manera de percibir, de relacionarse y de liderar.
Las guruesas no representan la primacía de la mujer sobre el hombre.
Representan el advenimiento de una cognición más receptiva frente a otra excesivamente estratégica.
De equilibrar lo estratégico —premodernista, modernista y posmodernista— con lo receptivo: metamodernista, metaconvencional, holístico e integral.
Quizá por eso mi cuerpo ya no busca un nuevo gurú.
Busca otro I Ching.
Uno que no sea ni nihilista ni místico; ni antropocentrista ni teocentrista; tampoco kosmocentrista.
Uno sin centro.
Uno que parta de la física de lo real, allí donde la metafísica deja de subyacer y solo permanece lo procesual y lo relacional.
Un I Ching que hable de procesos de desequilibrio, de rupturas de simetría que, mediante lo relacional, buscan dinámicamente una nueva homeostasis a través del giro y de todas sus expresiones.
Un eterno vals derviche en busca de la homeostasis cognitiva.
El cognoscere ambiental.
© Alf Gauna, 2026