Los 64 procesos

Cuando hablamos de los 64 arquetipos del Diseño Humano corremos fácilmente el riesgo de convertirlos en personajes.

El Maestro. El Nómada. El Padre. La Diosa Acuática. El Rebelde. El Místico. El Artista…

Los nombres parecen invitarnos a preguntar:

«¿Cuál soy yo?»

Pero mi propuesta es justamente la contraria.

No considero las 64 puertas como 64 identidades previamente existentes en las que los seres humanos tengamos que encajar. Prefiero imaginarlas como 64 prototipos procesuales, 64 calderos inicialmente vacíos que van adquiriendo expresión a través de la experiencia.

Por eso quizá sería más preciso hablar de 64 prototipos que de 64 arquetipos.

El prototipo precede a su arquetipización.

La puerta no contiene un personaje.

Contiene una posibilidad de proceso.

La experiencia lo arquetipiza.

Y millones de experiencias humanas van convirtiendo ese proceso abstracto en algo que finalmente podemos reconocer y nombrar como arquetípico.

Las 16 caras de la divinidad: arquetipizar lo dado

Incluso las conocidas 16 Caras de la Divinidad pueden contemplarse desde esta perspectiva.

En el Diseño Humano, las 64 puertas se agrupan en conjuntos de cuatro y esos conjuntos han sido asociados a diferentes figuras míticas y divinas: Vishnu, Prometeo, Hades, Kali, Mitra, Cristo, Thoth, Parvati y otras representaciones procedentes de distintas tradiciones culturales.

Pero podemos invertir la dirección habitual de la lectura.

Quizá no sean los dioses quienes estén detrás de las puertas.

Quizá sean los seres humanos quienes, al contemplar determinados procesos, hayan necesitado darles rostro, nombre, intención e historia.

La estructura está dada. El proceso ocurre. Después llega la mente y pregunta:

¿Qué significa esto?

Y comienza la arquetipización.

Agrupa procesos, reconoce semejanzas, construye relatos y proyecta sobre ellos imágenes capaces de hacerlos inteligibles. Allí donde había una estructura procesual aparecen Prometeo, Hades, Cristo, Kali o Vishnu.

El mito sería entonces una forma humana de significar lo dado.

No necesariamente el origen del proceso, sino una lectura retrospectiva de ese proceso desde la experiencia y la cultura.

Las 16 Caras de la Divinidad serían, desde esta perspectiva, un magnífico ejemplo de cómo opera la arquetipización: una estructura anterior al relato termina adquiriendo rostro humano o divino porque la mente necesita representar aquello que intenta aprehender.

Y esto devuelve la cuestión al punto de partida.

Primero, el proceso.

Después, la experiencia.

Después, el reconocimiento.

Después, el nombre.

Después, el mito.

Lo dado no necesita tener rostro.

Somos nosotros quienes se lo damos.

Tienes razón. La sección tiene que seguir hablando desde el artículo, no introducir «este libro» como si estuviéramos defendiendo Liminalidades. Y el título debe distinguirse del título general.

64 procesos evolutivos

Curiosamente, dentro del propio corpus del Diseño Humano existe una lectura que se aproxima bastante a esta idea de las puertas como procesos.

En La evolución. Los 64 pasos, Ra Uru Hu no presenta las 64 puertas únicamente como características individuales o arquetipos humanos. Las coloca dentro de una secuencia evolutiva, una continuidad que recorre los números del 1 al 64 y en la que cada paso expresa una determinada posibilidad del proceso. EVOLUCION64.pdf

Esto resulta especialmente interesante después de hablar de las 16 Caras de la Divinidad. En su explicación de la Puerta 19, por ejemplo, Ra relaciona la aparición de Dios con una necesidad de cohesión: cuando la autoridad existente deja de ser suficiente, el grupo necesita algo que lo mantenga unido. La divinidad aparece así dentro del propio devenir humano como elemento aglutinador. EVOLUCION64.pdf

La diferencia con la lectura que propongo en este artículo está fundamentalmente en el determinismo evolutivo. Ra organiza esos procesos dentro de un programa: Rondas sucesivas en las que los 64 pasos vuelven a recorrerse alcanzando nuevos niveles de sofisticación. EVOLUCION64.pdf

Yo no necesito llegar tan lejos para considerar las puertas como procesos.

Me basta con invertir la mirada: antes que personajes, identidades o arquetipos terminados, podemos contemplarlas como prototipos procesuales. La experiencia humana los atraviesa, los llena de biografía y finalmente permite reconocerlos y nombrarlos.

De nuevo:

PROTOTIPO → CONFIGURACIÓN → ITERACIÓN → EXPERIENCIA → ARQUETIPIZACIÓN

Ra los contempla como 64 pasos evolutivos.

Aquí los estamos contemplando, simplemente, como 64 procesos abiertos a la experiencia.

De 64 puertas a 69.120 configuraciones

Aquí aparece algo que me resulta especialmente sugerente.

En el sistema tenemos:

64 puertas × 6 líneas × 6 colores × 6 tonos × 5 bases

Esto produce:

64 × 6 × 6 × 6 × 5 = 69.120 configuraciones posibles.

Pero podemos mirarlo de otra manera.

Si tomamos cada Base por separado:

64 × 6 × 6 × 6 = 13.824 configuraciones por Base.

Y existen cinco Bases.

Por tanto:

5 × 13.824 = 69.120 configuraciones.

Esto permite una metáfora informática que me parece especialmente fértil.

Podríamos imaginar el conjunto como un programa con cinco grandes subrutinas —las cinco Bases— y dentro de cada una de ellas 13.824 estados posibles determinados por la combinación de puerta, línea, color y tono.

No estoy diciendo, obviamente, que exista literalmente un ordenador kósmico ejecutando un programa. Lo utilizo como lenguaje para visualizar la arquitectura.

Las Bases serían el nivel más profundo de organización.

Sobre ellas aparecen Tonos, Colores, Líneas y, finalmente, las 64 Puertas como manifestación reconocible del proceso.

En mi lectura, además, las cinco Bases pueden utilizarse como una arquitectura ontológica:

1 — Movimiento / individualidad / monopolo magnético

2 — Evolución / mente / electrón

3 — Ser / cuerpo / protón-quark

4 — Diseño / ego / neutrino

5 — Presencia / personalidad / espacio

Son parte de mi lectura kosmológica del sistema: un lenguaje con el que explorar diferentes dimensiones de un mismo proceso.

Y entonces aparece la pregunta interesante:

¿Qué ocurre cuando ese programa se ejecuta?

Ocho mil millones de iteraciones humanas

Supongamos, únicamente como modelo conceptual, una humanidad de 8.000 millones de personas y una distribución perfectamente uniforme entre las 69.120 configuraciones.

El cálculo sería:

8.000.000.000 ÷ 69.120 ≈ 115.741

Es decir, aproximadamente 115.000 personas por configuración.

Una aproximación matemática para visualizar la magnitud del modelo.

Y aquí es donde la metáfora adquiere para mí todo su interés.

Podríamos imaginar cada configuración no como una categoría en la que quedan encerradas 115.000 personas, sino como una configuración que está siendo iterada aproximadamente 115.000 veces.

115.000 ejecuciones.

115.000 biografías.

115.000 cuerpos.

115.000 entornos.

115.000 encuentros.

115.000 maneras de experimentar una misma potencialidad estructural.

El código puede repetirse.

La experiencia nunca se repite.

Del prototipo al arquetipo

Esto cambia bastante la manera de entender el arquetipo.

Tomemos, por ejemplo, el 50 — El Maestro.

«El Maestro» no tendría que ser una entidad metafísica existente en algún lugar esperando encarnarse. La puerta 50 sería primero un prototipo procesual.

Cuando ese prototipo atraviesa una línea determinada —por ejemplo 50.5—, un Color, un Tono y una Base concretos, aparece una configuración mucho más específica.

Pero ni siquiera entonces tenemos todavía una biografía.

Tenemos una estructura.

Para que exista experiencia tiene que ejecutarse.

Y ahí aparece el ser humano.

En la gráfica pueden verse expresiones como:

50.5 — El Maestro

19.5 — Euterian

42.1 — El Nómada

29.3 — Diosa Acuática

40.2 — El Padre

Pero ninguna persona es simplemente «El Maestro», «El Padre» o «El Nómada».

Son nombres que permiten reconocer determinados procesos una vez que estos han atravesado experiencia suficiente.

Esas configuraciones se encuentran además relacionadas con diferentes dimensiones: recuerdo, ser, pensamiento, diseño, definición; mente/electrón, cuerpo/protón, personalidad/espacio, neutrino/diseño o monopolo/movimiento.

No constituyen cinco «yoes».

Son procesos.

La biografía es el lugar donde esos procesos se cruzan, se condicionan, se experimentan y adquieren forma.

El caldero vacío

Por eso me gusta especialmente la imagen del caldero vacío.

La puerta podría imaginarse como un recipiente sin contenido biográfico previo.

La Puerta 1 no contiene todas las obras que serán creadas.

La 29 no contiene todas las experiencias de compromiso.

La 40 no contiene todos los padres.

La 50 no contiene todos los maestros.

Contienen una estructura potencial de proceso.

Después llegan millones de seres humanos y la recorren.

Cada experiencia deposita algo metafóricamente en ese caldero.

Es ahí donde el prototipo comienza a parecernos un arquetipo.

Podríamos expresarlo así:

PROTOTIPO → CONFIGURACIÓN → ITERACIÓN → EXPERIENCIA → ARQUETIPIZACIÓN

Y esto introduce una diferencia fundamental respecto a una lectura esencialista.

El arquetipo no tendría necesariamente que estar completo al principio.

Puede emerger del proceso.

Cinco subrutinas, 69.120 configuraciones, miles de millones de experiencias

Si mantenemos la metáfora informática, podríamos representar toda la arquitectura así:

PROGRAMA

64 procesos fundamentales

5 SUBRUTINAS

Las cinco Bases

13.824 CONFIGURACIONES POR BASE

64 puertas × 6 líneas × 6 colores × 6 tonos

69.120 CONFIGURACIONES TOTALES

≈ 115.741 ITERACIONES HUMANAS POR CONFIGURACIÓN

Si distribuimos hipotéticamente 8.000 millones de personas de manera uniforme

EXPERIENCIA

ARQUETIPIZACIÓN

Lo fascinante es que dos personas podrían ejecutar una configuración estructural equivalente y producir experiencias radicalmente distintas.

Porque una configuración no es un destino.

Es una condición de posibilidad.

No somos los arquetipos

Quizá aquí aparece la consecuencia que más me interesa.

Habitualmente decimos:

«Yo soy…»

Yo soy el Maestro.

Yo soy el Nómada.

Yo soy el Rebelde.

Yo soy el Padre.

Pero desde esta perspectiva podríamos sustituir el sustantivo por el verbo.

No soy el arquetipo.

Proceso.

Atravieso.

Experimento.

Modifico.

Transmito.

Arquetipizo.

El ser humano deja entonces de ser el centro del sistema para convertirse en uno de los lugares donde el proceso adquiere experiencia.

Y los 8.000 millones de seres humanos actuales pueden imaginarse como miles de millones de ejecuciones simultáneas de esos procesos.

No hay 64 cajas para clasificar a la humanidad.

Hay 64 calderos abiertos a la experiencia.

Las líneas, los colores, los tonos y las bases multiplican extraordinariamente las formas posibles de atravesarlos.

Y cada biografía introduce una variación que ninguna combinatoria puede anticipar completamente.

Por eso los llamo prototipos.

Porque el prototipo señala una arquitectura posible.

El arquetipo aparece después, cuando muchas experiencias permiten reconocer una forma.

Y quizá sea precisamente ahí donde el Diseño Humano pueda leerse de otra manera: no como un catálogo de lo que somos, sino como una cartografía de procesos que están ocurriendo.

64 procesos.

5 Bases.

69.120 configuraciones.

Miles de millones de iteraciones.

Y ningún ser humano idéntico a otro.

Porque lo que se repite es la estructura.

Lo que arquetipiza es la experiencia.

© Alf Gauna, 2026

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