La vanidad humana se inventa el alma.
Ra sabía en qué mercado vendía las verduras.
Y bueno, como no se van a enterar, y hay mucho ego sin definir (70 %) y mucho generador (70 %), que solo tienen que trabajar y producir «para que la cosa funcione», pues nada, mantengamos eso del alma.
Le cambiamos el nombre y listo:
Cristal de Personalidad.
¡Guay! Todos tranquilos.
No os ofendáis, es lo que hay si os quedáis en las ratitas presumidas del mantra «estrategia y autoridad» que barren su casita. No juzgo, si te va bien, de puta madre, a lo tuyo.
Hay otras películas, otros fractales, muy de proyector, maybe, ya sabes, hacernos pajas mentales para sobrevivir, bueno y de las otras, también, hasta que dure, dura, o la libido no decaiga.
El domingo unos valientes se adentrarán conmigo en descubrir que ese almita, ese cristal de personalidad, es realmente un cristal de diseño, es materia, es forma, es yin.
El Tao es yin, materia, y esta manipula la energía yang para construir una forma más avanzada, diseñar una estructura óptimamente cognitiva que pueda albergar la personalidad del bebé kósmico.
Luego, en el camino hacia Oberón, dejará por innecesaria toda la milonga yang ardiendo en el Sol.
No, no sueñes que la personalidad del bebé kósmico que se avecina será la psique del ego de tu vanidad humana. Maybe, vendrá de Andrómeda, en forma de un alien que «Dios dirá» cómo será.
El carbono se quema, el silicio tarda más en arder y antes se oxida, con lo cual no necesitará oxígeno.
Mira por dónde, más inmortal quizá.
Toda Kosmología es un storyteller, la puede contar con héroes protagonistas o en tercera persona.
Con un lenguaje mitológico, con uno religioso, místico si me apuras, filosófico, científico o con uno tecnofilosófico procesual sin sujeto y, cuando se pueda, con la menos metafísica posible.
Empujar el Ring Pass Not hasta donde se esconde la cueva de Alí Babá de Dios.
© Alf Gauna, 2026