El Ser del No Ser

La verdad es que el conocimiento se distorsiona muchísimo por las pajas biográficas, la jerarquía de valores y las creencias de cada transmisor.

La Hermenéutica trata de amortiguar eso.

Trata de filtrar la perspectiva condicionada de esa supuesta pedagogía ex cátedra con la que suele enseñarse el conocimiento.

Es evidente que es complicado, incluso ahora, con la pretenciosa objetividad de la IA, vilipendiada por la moral humana.

Llevo investigando el Diseño Humano desde hace 26 años.

Soy un “cabalista” del DH.

Y, en ese camino de investigación, la tarea más ardua es precisamente esa: la hermenéutica.

En el fondo es muy sencillo: relativizar los sesgos nihilistas o celestiales de los ways más extendidos.

El propio this & that del I Ching de Ra, como él decía, está formulado desde el No Ser.

Murió joven. Creo que tenía en su agenda hacer un I Ching más esperanzador. Quizá el que Rudd publicará en breve nos traiga eso, aunque venga revestido de un exceso angelical.

Me cuesta —y ese es mi sesgo— el lenguaje excesivamente místico.

No creo que un conocimiento tenga que gustar ni servir; solo resonar.

Me dirás qué diferencia hay. Y te diré: toda.

Gusta a la mente; resuena en el cuerpo.

No es cuestión de entender, sino de encarnar por resonancia. Después, la Epifanía llega a la corteza del entendimiento y a su posible aplicación según cada cual.

Dicen que de ahí viene esa lentitud de Tauro que, por homogeneización, suele tildarse de terquedad:

“Tauro es el único arquetipo que entiende que, para que una transformación sea real, debe ser biológica. No alcanza con entender algo con la mente; el cuerpo tiene que procesarlo. La ‘terquedad’ es la firmeza necesaria para que la semilla no se mueva mientras echa raíces.”

“En las civilizaciones antiguas, desde Egipto con el buey Apis hasta las cuevas de Lascaux, el Toro no era un animal de carga, sino un símbolo de la Potencia Creativa Vital. Representaba la capacidad de la Tierra para regenerarse. Es la fuerza que sostiene el mundo. Honrar a Tauro es honrar la vida que late en lo silencioso, en lo que parece que no se mueve, pero está gestando lo inmenso.”

“Se asocia a este signo con la acumulación de bienes. Pero el verdadero misterio taurino es la Alquimia del Valor. La gran lección es dejar de buscar seguridad en el afuera —títulos, dinero, posesiones— para encontrar la soberanía en el propio cuerpo. Tauro es el guardián del ‘Yo Valgo’ por el solo hecho de existir, respirar y habitar la materia.”

“Ancestralmente, la Tierra era la Gran Madre. En Tauro entendemos que nuestro cuerpo es nuestra primera porción de Tierra. No habitamos un cuerpo: somos un cuerpo. Descuidar nuestros ritmos biológicos, el descanso o el placer sensorial es una falta de respeto hacia nuestra propia naturaleza. Tauro nos devuelve el derecho a gozar de la existencia sin culpa.”

“En un mundo que premia lo efímero y lo rápido, Tauro es un acto de rebeldía. Su medicina es la continuidad. Nada grande se construye en un día. Este arquetipo nos enseña la belleza de los procesos largos, de la maduración lenta y del compromiso con nuestra propia evolución. Lo que se construye paso a paso es lo único que el viento no se lleva.”
(Fuente: Instagram @conatnatural)

Este lenguaje es de 9 centros. En eso consiste la mutación:

trascender los sesgos estratégicos de 7 centros;

esa terquedad, hedonismo, voluptuosidad y materialismo con los que siempre se describió al Tauro de 7C.

Yo recibí la transmisión del DH por parte de manifestadores que hacían muchísimo hincapié en el No Ser, algo que me condicionó e incluso amplifiqué debido a mi biografía traumática de infancia.

Sí, hablaban de refilón —o, mejor dicho, ocultaban para sostener un calendario de ingresos multinivel— esa sabiduría innata de los centros sin definir, de las puertas puente o colgantes.

Sí, allí donde la gestión del condicionamiento se convierte en sabiduría.

De hecho, cosmológicamente, el motor evolutivo consiste en construir un mosaico de definiciones y cogniciones para aprender y potenciar la cognición de lo no definido, de lo puente o de lo colgante, con el handicap del imperativo genético relacional.

De hecho, esa fórmula del Ser es limitada, y esa fórmula del No Ser es la verdadera fuente de potencial de aprendizaje.

Esos canales de compromiso en una relación, donde alguien tiene una puerta y el otro un canal, son en esencia una escuela para quien hace de “portero de noche”, tragándose la rigidez del canal o —why not— su expresión natural y óptima: la lotería de quién te toque.

Eso sí, siempre y cuando ese compromiso no se convierta —como casi siempre ocurre— en dominancia del canal sobre la puerta.

Sí, el Ser es Ser, pero el Dasein es la esencia del motor evolutivo.

Cuando despiertas a lo cosmológico, el ego se trasciende y la trampa del Ser se diluye: el colmo narcisista de la vanidad humana.

Allí donde el nihilismo simplemente despierta al It Kósmico.

Allí donde no hay pronombres personales.

© Alf Gauna, 2026

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