Atracción fatal.

Peliculón ochentero.

Donde una simple e inocente atracción inicial se convierte en obsesión.

Dice la RAE:

Acción de atraer.
Fuerza o capacidad para atraer.
Persona o cosa que produce atracción.
Número de un espectáculo que posee o al que se atribuye alguna singularidad que agrada especialmente al público.

Claro, ¿pero qué coño es atraer, dime? Y van y me dicen los académicos:

Atraer significa ejercer una fuerza, un interés o una influencia que acerca o tira de algo o alguien hacia uno mismo. Proviene del latín attrahere (traer hacia sí).

Se utiliza principalmente en los siguientes contextos:

  • Física: la capacidad de ciertos cuerpos para acercar o retener a otros por propiedades magnéticas o gravitatorias (ej. el imán atrae el hierro).
  • Atracción interpersonal o emocional: captar el interés, la simpatía, el afecto o el deseo de alguien hacia una persona o cosa (ej. su personalidad me atrae).
  • Influencia o marketing: captar la atención del público o generar determinadas circunstancias (ej. la oferta busca atraer nuevos clientes).

Resumiendo… traer “pa mí”.

Lo que sea que quieras que sea para ti.

Claro, el tema es la intensidad de esa atracción y a qué nivel se produce.

Cuando colapsa una estrella se convierte en una estrella de neutrones o en un agujero negro.

Una estrella colapsa cuando la energía que produce ya no logra mantener el equilibrio con su propia atracción gravitatoria.

En un sistema binario se establece un baile sufí de atracción. Es el propio giro el que sostiene una distancia de equilibrio entre ambas, pero llega un momento en que ese equilibrio puede colapsar: una estrella termina engullendo a la otra o ambas se funden en una sola, liberando ondas gravitacionales que hacen vibrar toda la malla espacio-temporal de Einstein.

Entre humanos la atracción tiene niveles.

Ese nivel básico, mamífero. Ya sabes: el puto imperativo genético. Lo diferente se atrae para optimizar la especie y la supervivencia en este jardín gáyico.

Si quieres nos podemos poner técnicos.

Ya sabes: Diseño Humano, Claves Genéticas, Baantu…

La Secuencia de Venus habla de que la atracción se establece a través de la línea de nuestra Luna de Diseño. Claramente poético, pues es algo muy celular y un juego morboso de romanticismo, aventura, karma, pasiones, giros orbitales o dulces armonías.

El Baantu se basa más en lo cognitivo, colores y tonos para construir una especie de Tinder.

El Diseño Humano es un business muy manifestador de odios y amores electromagnéticos, compañías, compromisos y dominios que, al final, no son más que un simple juego de poder energético entre los seres y no seres de los vinculantes.

La palabreja fractal de la que habla todo Dios, pero que casi nadie sabe muy bien dónde mirar para encontrar ese posible vínculo, en realidad es multidimensional. Ya sabes: bases, variable independiente, nodos, etc.

Como decía, al final, casi siempre, es la intensidad la que rula el vínculo.

Como las estrellas, un equilibrio entre el calor interno y la atracción gravitatoria permite mantenerlo.

Maybe aburrido para algunos.

El problema es ser un agujero negro pasional que solo quiere engullir y fundirse con el otro. Puede parecer egoísta, pero es la atracción máxima, kósmicamente primigenia, pues cuando sucede es recíproca.

A mí no me importa diluirme en el otro, pues esa es la trampa de la atracción: cuando despiertas descubres que no hay otro.

Puta vanidad de la mente.

Sabes, la gente se engancha a encontrar el alma gemela analizando todo tipo de técnicas.

Yo me cansé hace mucho. Aunque lo venda para comer, una cosa tengo clara: me atraes y me importan tres cojones los porqués.

Lames una piel, muerdes un pezón, chupas una lengua, hablas hasta las tantas. No sabes estar sin esa persona.

Sorry, soy boomer, heterosexual, blanco y, aparte de gilipollas, sé que es un mal arquetipo para esta época.

Si eso, cambia la frase anterior siguiendo tus gustos.

Aunque ahora que la releo da un poco igual. Piel tenemos todos, pezones y lengua también.

Solo hay que cambiar ella por él o elle, y viceversa.

© Alf Gauna, 2026

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