Espirituales inmaduros

La gente se acerca a todas estas técnicas supuestamente espirituales o de autoayuda en busca de distintas cosas.

Una gran mayoría lo hace para curar una herida o para encontrar un propósito.

Hay otro grupo: los que quieren venganza y buscan una justificación para ella.

Inmaduros sin escrúpulos, conscientes o inconscientes, que, después de muchos años siguiendo o incluso vendiendo la propia técnica, permanecen en la misma posición de partida.

Te das cuenta porque, tras muchos años observando sus conductas, siguen anclados en el mismo odio, aunque ahora sofisticado por las prebendas que esa técnica valida.

Incluso los propios gurús, confundidos por ciertos estados elevados de conciencia, desde una supuesta iluminación dan rienda suelta a su inmadurez emocional, sexual y moral.

Me muevo en el mundo definido por los nodos 33-19: la necesidad de los débiles y de las víctimas de la injusticia social.

No soporto que esas personas inmaduras se aprovechen de esas víctimas o de quienes buscan un propósito en medio de una crisis existencial.

Wilber lo explica nítidamente:

“La investigación realizada al respecto hasta la fecha ha puesto de relieve la existencia de dos tipos, al menos, de crecimiento y desarrollo… lo que implica que el ser humano se enfrenta a dos tipos muy distintos de compromiso espiritual. Y lo más curioso es que, como el descubrimiento de uno de ellos es relativamente reciente, ningún camino de crecimiento o desarrollo (convencional, espiritual o de cualquier otro tipo) ha incluido, hasta el momento, esas dos importantes dimensiones a las que nos referiremos como «desarrollo» y «despertar». Y el hecho de que ningún enfoque los haya tenido en cuenta a ambos implica que, al centrarse en una sola de esas dimensiones y desdeñar la otra, la humanidad ha estado generando, a lo largo de toda su historia, seres humanos fragmentarios o incompletos.

Con ello queremos decir que la humanidad ha estado produciendo individuos que, si bien se hallaban muy desarrollados (es decir, muy avanzados) en algunas de sus inteligencias múltiples, también estaban muy poco despiertos o iluminados (es decir, que carecían de toda noción de lo que los sufíes denominan «Identidad Suprema» y que permite a las personas experimentar que son uno con la realidad, con el universo y con todos los seres).

La humanidad, por otro lado, ha estado produciendo individuos que, aunque llegaron a despertar o iluminarse, se han mostrado muy inmaduros en muchas de sus capacidades humanas. Por ello precisamente hay personas que, pese a ser «uno con el mundo», se hallan muy poco desarrolladas psicosexualmente (y se aprovechan, en consecuencia, de sus discípulos), muy poco avanzadas moralmente o son francamente homófobas, sexistas, racistas, xenófobas, autoritarias, rígidamente jerárquicas, etcétera, con una inmadurez en cuestiones mundanas que raya en la disfuncionalidad cuando no en la abierta patología.

Jamás hemos contado con una práctica que tuviese seria y simultáneamente en cuenta el desarrollo (es decir, la maduración plena de todas nuestras capacidades o inteligencias múltiples) y el despertar (es decir, la Identidad Suprema). Por ello, necesitamos una práctica que no se limite a crear seres humanos parciales o fragmentarios, sino que contribuya al alumbramiento de seres humanos totales, completos y auténticamente maduros en todos los dominios de la existencia.”

Ken Wilber

Y el Diseño Humano ofrece muchas claves que pueden utilizarse para justificar que uno sea un cabrón.

Las peores de todas son la supuesta fijeza de la genética, el no choice y el «ámate».

Argumentos iniciales de la pedagogía del Diseño Humano que posteriormente fueron relativizados en los ámbitos más profundos y holísticos del sistema; desarrollos que a Ra Uru Hu no le dio tiempo a completar y que muchos de sus discípulos, cómodos con lo superficial o incapaces de comprender y comunicar esas complejidades, no han permitido desplegar con coherencia. Salvo previo pago para unos pocos. Por suerte, las redes sociales han contribuido a sortear parte de ese monopolio, aunque con el riesgo permanente de la desinformación y lo fake.

Todo es peligroso en manos de inmaduros.

Así se crean hordas de yonquis espirituales, zombis heridos o personas perdidas existencialmente que son monetizadas sin que nadie se tome el trabajo de indagar en sus biografías, de investigar la vivencia singular de cada puerta, de cada canal, para que el proceso no quede reducido a un simple bucle mental.

© Alf Gauna, 2026

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