Hagan juego, señores.
La invitación ha muerto.
De hecho, fue siempre una milonga.
La trampa de un manifestador que sabía que moriría en la hoguera solar.
El Yang Yang en llamas.
Un mundo de carbono en decadencia, a la espera del fin de la especie.
Sí, 1300 años y el meteorito redentor nos llevará a Oberón.
Vivamos.
Muerto lo estratégico, en un mundo de zombis, lo receptivo es solo cuestión de fe.
Como cristianos en el Coliseo romano, recemos para que los leones, coletazos de lo estratégico de la Cruz de Planificación de 7 centros, no nos devoren.
Muerto lo estratégico, muerto el Tipo.
Iniciar no tiene sentido. No hay que ir a ningún sitio, nada que conseguir.
De hecho, iniciar solo fue herramienta del carbono biodegradable para el mundo de 7 centros; ya sabes, la conquista de Gaia, Civilización e Imperio.
La única continuidad era «la espera».
Otra triquiñuela de la mente.
No hay tiempo en lo receptivo, es simple estrategia de lo único: el ahora.
Presencia ahora.
Siendo en lo que acontece.
No hay sitio para el reconocimiento.
En el ahora no hay nadie a quien guiar.
Solo compartir cómo lo que te pasó puede «resilear» tu presencia en el ahora.
Solo responder en lo sucediendo.
No hay ni amargura, ni frustración, ni ira, ni desilusión.
Solo dolor o placer.
Sin más.
No hay que ir, no hay allí.
You know.
Aquí.
Ahora.
Conmigo.
Sin ti.
© Alf Gauna, 2026