Contemos anécdotas de abuelete.
Antiguamente se decía «el abuelo Porretas».
Sí, ese plasta que enseguida aprovechaba cualquier ocasión para meter alguna de sus batallitas.
Ahí estamos.
Batallas, muchas tengo.
Esotéricas y exotéricas.
No entro en política, pues mi anarcocapitalismo no cuadra mucho en el mundo.
Esta es una de las características del pesado: tardar en empezar.
Bueno, pues eso, que hice la mili en Ceuta.
Era mayor, pues estaba haciendo el doctorado en Sismología en la Complu, esa que enchufa cónyuges de presis de izquierdas.
Tenía una fauna compleja de compis.
Era un buen chute de realidad.
Un universitario «bien» se encuentra con todo tipo de historias, rodeado de droga y alcohol, todo muy barato, you know, sin impuestos.
Después de pagar algún que otro impuesto revolucionario para proteger mi culo —literal—, emergería cierta camaradería de sufrimiento, una sororidad entre hombres… Eso, coño, que no me salía: una fraternidad.
A unos les unía la coca; a otros, el alcohol; a otros, el trapicheo. Meanwhile, yo rezaba.
No lo he dicho: estaba en el Glorioso Ejército de Regulares. Me habían hecho un test y había salido que era un asesino psicópata que tenía que estar en el frente, de fusilero de infantería. Sí, esos que son los primeros en tomar las colinas y, por ende, los primeros en morir.
Años después, el Diseño Humano me dijo que eso era muy 19.5.
Al estar en primera línea de batalla —sí, así se vive en los cuarteles de Ceuta, aunque no lo digan para no asustar a la gente—, hacíamos marchas nocturnas por las siete colinas y, en especial, guardias en el Monte Hacho.
Para quien no lo sepa, notita cultural:
El territorio sobre el que se asienta Ceuta cuenta con siete colinas o elevaciones destacadas que configuran su orografía.
Etimología: en época romana, el geógrafo Pomponio Mela y otros autores llamaron a este asentamiento Septem Fratres —«Siete Hermanos»—, en alusión directa a estas siete montañas.
Evolución del nombre: con los siglos, la denominación latina Septem evolucionó fonéticamente a través del árabe Sebta hasta convertirse en la palabra actual: Ceuta.
Entorno: entre estas elevaciones destaca históricamente el Monte Hacho —el antiguo Monte Abyla, una de las Columnas de Hércules— y el Monte Anyera, que, con 349 metros, es el punto más alto de la autonomía.
Las marchas eran complicadas, pues intentar seguir a un capitán hasta el culo de coca era un desafío.
Gracias a Dios, las guardias de 24 horas, en las que no podías dormir más de dos, me sirvieron de entrenamiento para este ahora en el que duermo como el culo.
Sí, en esa época el clima era de guerra y nos mandaban a la Península a hacer maniobras.
Allí dormía en una pequeña tienda con un cabrero zoofílico y un pintor mallorquín que no sé qué idioma hablaba, y yo, en medio, tenía que oler sus batallas de pedos nocturnos.
Lo dicho: la mili es un buen chute de realidad para comprender a la gente.
Mi teniente era muy cabrón, pero, en el fondo, me cubría las espaldas.
Me mataba el primero en las maniobras. Me tenía que hacer el muerto para que los de la ambulancia me llevaran a la morgue en un camión que, si no estabas del todo muerto, en el recorrido te remataba.
De vez en cuando hacía inspecciones de taquilla para buscar droga.
En una de esas le abrí mi taquilla y tenías que ver la cara de haba que puso al ver mi droga: una taquilla llena de libros de Física y Sismología.
Cuando íbamos a tiro, yo me negaba a tirar. Hacía el paripé de que apuntaba, disparaba como al aire y él rellenaba la hoja de tiro para que no me metieran en el calabozo.
Por otro lado, en las maniobras tenía que tirar proyectiles y me obligaba a explicarle al coronel cómo era el tiro parabólico e incluso las cuestiones técnicas de la maniobra.
En el fondo, para quedar bien él.
Bueno, en realidad era buen chico, de mi edad, y acabamos como colegas, emborrachándonos por los bares ceutíes como dos exiliados en África.
Y, en el fondo, todo esto para comunicar que una cosa es lo que dice la prensa y lo que dicen los que mandan, y otra, cómo se vive en los cuarteles.
Lo civil no es lo militar.
Y no, no entiendas que estoy apostando por lo militar.
Solo apostaría por un liderazgo civil que sepa adaptarse a aquello a lo que se enfrenta con realismo, no con ideología.
Ese liderazgo turquesa, multiforme, que, si tiene que ser azul por las circunstancias, pues habrá que serlo.
El 80 % del mundo es etnocéntrico. Existen Estados, existen religiones, existen intereses económicos y existen explotadores.
Según esto, ¿qué solución tomamos?
Ya os dije que hoy iba de batallitas…
© Alf Gauna, 2026