Mirando el vaso

Ya sabes, si está medio lleno o medio vacío.

Cuestión de esperanza.

O, why not, cuestión de aceptación o quizá de resignación.

Unos, quizá, de perfeccionismo.

Otros, de siempre algo más.

Hay mecánica, pero hay también No Ser.

Pero para mí hay mucho de niñez.

De heridas.

No siento que las heridas sean No Ser.

Esta frase daría para todo un libro.

¿Las heridas se sanan?

¿El No Ser se relativiza con sabiduría?

Se acaba agosto, pero mis preguntas nunca se acaban.

El aburrimiento es perpetuo.

Miro el vaso.

Lo medio lleno es suficiente.

Pero falta algo.

Unos labios con lengua —llámalo boca, if you want—, no traicioneros, a los que besar, why not comer, sin miedo.

Parece fácil, pero a los pies del 27 no lo es.

No, no me valen abrazos, falsedad suprema evitativa de intimidad.

Es cuestión de lengua.

Bien dice Rudd, en esa esfera de la Relación:

“Que la renuncia a nuestro sentido del yo esté íntimamente ligada a nuestra lengua y al habla es uno de los grandes misterios perdurables. Nuestro lenguaje externo se basa en nuestro lenguaje interno, que emerge a través de la mente inconsciente y se construye sobre nuestra cosmovisión y su frecuencia.

La lengua tiene tres funciones principales en la vida: saborear, hablar y besar. Estas se relacionan con tres niveles de conciencia: animal, humano y divino. El don de la lengua es el lenguaje. Habla el lenguaje de los sentidos, el lenguaje de la mente y, finalmente, el lenguaje del mundo invisible.”

Saborear al otro, hablar con el otro, besar al otro.

Allí donde el Yo y el Tú se funden en un nudo de salivas, lenguas y labios.

La Santísima Trinidad del Nosotros.

La muerte del ego.

El orgasmo del ello.

© Alf Gauna, 2026

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