Seamos claros.
Hay heridas que no se curan.
Nunca.
Sí, nunca.
Tu historia de éxito no tiene por qué ser la mía.
Ni la mía, la tuya.
El chiquito del Baantu era brillante.
La intro de su Código de Dios lo es.
En pocas líneas describe la Filosofía de Vida marcada por la Ontología Kósmica.
Todos los brillantes se alejaron de Ra.
¿Por qué será?
Quizá porque lo brillante no puede seguir otra luz.
Lo haya dicho una Voz o Rita la Cantaora.
El kosmos no tiene lenguaje conceptual.
En el momento en que se le conceptualiza, se antropomorfiza.
Y ahí las palabras de Rhodes toman más sentido:
«Por lo general dividimos el mundo entre creyentes y no creyentes, lo cual es totalmente estúpido. Los primeros creen en cualquier cosa de manera religiosa, aunque no haya evidencia de su existencia, mientras que los segundos están convencidos de que sólo existe lo que ellos pueden ver, tocar o experimentar directamente. Ambos carecen de pruebas de lo que están defendiendo.
Mi nuevo lema desde entonces es: “Hay muchas cosas que existen, pero de las que no tengo ni idea”. Así es como me convertí en una mente abierta y dejé de ser creyente.
Aquello que podemos saber y comprender es sólo teoría, lo que significa que no sabemos nada con una certeza absoluta. Da lo mismo si te llamas Einstein, Hawking o Rhodes. Algunas teorías pueden presentarse como más convincentes que otras, pero al final todas se desmoronan.
Cada vida es objetivamente única. Tenemos propósitos únicos y nuestra propia historia que relatar. No tenemos ni idea de lo que pasa.»
No hay Verdad en mayúsculas ni pequeñas verdades, solo distintas perspectivas que, sin lenguaje condicionado, son objetivas.
Ser víctima de las expectativas es inherente a mi configuración mecánica: ese teleñeco que rula un guion que no le pertenece y que convive con el efecto secundario de una mente que le permite soñar con lo que puede o no suceder.
El Detachment viene y va, la libertad viene y va, el romance viene y va, como la víctima viene y va.
Todo viene y va desde el miedo al dolor, marcado a cincel en una estúpida biografía propia, transgeneracional y epigenética.
En un sinfín de días de la marmota de ahora sí, de ahora no.
© Alf Gauna, 2026