Mecanógrafa

320 pulsaciones son muchas.

El cerebro va muy deprisa y las manos también.

Es casi una sincronía perfecta entre mente y cuerpo.

Pero tengo la sensación que no se puede sentir lo que se escribe.

Si sientes, la bioquímica nubla la mente y entorpece la coordinación.

No sé si Maria Luisa Linares o Rafael Perez y Perez escribían sus novelitas rosas con máquina de escribir o a mano, pocos o casi nadie conocerán ya a esos autores.

Quizá las escribían sin sentir.

Eso en el fondo es hacer trampa usando la técnica y la lógica.

Escribir poesía es algo extraño. Si rima no me gusta y si hay que entender , tampoco.

Ahora casi todos escribimos con el teclado del ordenador creo que se pierde emoción, se diluye el carácter como signo del trazo escrito a mano y el carácter cómo emoción de quién escribe.

Quizá haya demasiado prisa por gustar,por la inmediatez de la respuesta social, por la heroína de la información.

Veíamos en esas películas de los 50 en Nueva York esas enormes redacciones de periódicos con cientos de mujeres mecanografiando a todo trapo o esas salas de vetustos bancos “Rockefellerianos” donde esos hombres con manguitos contabilizaban con sus máquinas calculadoras esperando que sonará el timbre de la hora de salida para recoger y correr a pillar el ascensor de ese superedificio de decenas de plantas y donde Shirley Maclainein hacía de ascensorista y el pobre John Lemmon la miraba con amor y ternura. No , no se la quería follar no entraba en el guión, sólo prestaba su apartamento a sus jefes para que lo hicieran.

Pasar de ascensorista a mecanógrafa o de ser contable a pasar a esa pecera de jefe donde te aislabas de la marabunta sonora de las máquinas era ascender.

Cuánto más tecleabas más ganabas ,pero quizá menos sentías.

Chopin también le daba a la tecla. Una tecla de sonido, no una tecla de letra. Yo siento que sentía.

Listz por lo visto era un maquinón “mecanografiando” el piano pero, a mi, no me gustaba.

He escrito a mano muchas poesías, son distintas a las tecleadas.

Hay un matiz.

Ahora ya casi no sé escribir a mano.

No importa, hace tiempo que no escribo yo.

Me dictan.

En realidad sólo soy un simple mecanógrafo kósmico que imprime con la bioquímica emocional de su forma los sonidos sordos del universo.

©Alf Gauna, 2022

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