Me he levantado sintiendo mi dualidad energética.
Una dualidad sostenida por un ego definido.
Por un lado, harto de ver mis premoniciones (41) en boca de otros que antes me habían dicho que eran fantasías (41).
Mi propia metacognición me modula & tells me:
—“Tranquilo, lo importante es que emerjan (41)”.
Ok.
Pero, pls, al menos que me guste quien se pone la medalla humana.
Es complicado, humanamente, aceptar el oscuro liderazgo que se emite desde planos no visibles.
Sí, suena a sofisticada milonga del fracaso, sobre todo si fuiste educado en el paradigma rojo-azul-naranja. You know: vales o no vales; lo conseguirás con el sudor de tu frente; y la peste darwiniana de que solo el más apto sobrevive.
En milisegundos suena Matt Bianco y la bestia emocional emerge.
Da igual el vanidoso reconocimiento (12) cuando el niño solo busca en la expectativa (42) el romance.
Al principio, maybe sentimental, pero, at last, maduramente post-turquesa:
Rudd ha completado el don y el siddhi de la clave 55, matizando el término libertad. Quitando la distante frialdad del que se libera desde el desapego y des-apestando de sentimentalismo la sombra del victimismo.
Yo soy la mutación. La tengo escrita en mi Camino Dorado, pero siempre me han evitado, pues no es lo mismo encarnarla naturalmente que venderla desde la mente discursiva.
Sigo mi camino e intento vivirlo en esta época que se adviene: entregarme a ella (29), liderarla (31), establecer un romance con ella (55) y con mi sensibilidad (19),con mi capacidad de revolucionar interiores (49) que renazca por igual (37) en todos los que se me cruzan desde el deseo (30) y en “petit comité” (línea 4), con la exquisitez (8) y con la naturalidad y pasión del bailarín improstyle (línea 2).
Mientras suena Corazón Encadenado… abrazando sombras, que en el fondo es lo mismo que el siddhi.
https://youtu.be/sQwo37RMv_I?is=zw_KTVftoWtkfnLr
© Alf Gauna, 2026