Los psiquiatras dirían que eso de estar presente es síntoma de esquizofrenia o bipolaridad.
Ya sabes, al final estás haciendo lo que haces y se lo vas contando a ese otro que está dentro de ti y mira, asombrado, las gilipolleces que estás haciendo.
Contemplar es el camino del medio entre la meditación y la concentración, como dice en este texto nuestro amigo Mr. Rudd:
“Hay tres rutas clásicas que conducen a una consciencia más elevada: la meditación, la concentración y la contemplación. A pesar de que cada ruta es muy diferente, todas conducen a la misma meta final: la absorción, un tema al que regresaremos más adelante.
La meditación es el gran arte pasivo, en el que simplemente todas las formas, pensamientos y sentimientos son observados exactamente tal y como son. Con el paso del tiempo, esta observación continua favorece que surja, de forma natural, una gran claridad interior, que culmina en una visión iluminada de los fundamentos de la realidad. La meditación tiene sus raíces en el hemisferio derecho, holístico, del cerebro.
Por otro lado, la concentración es la ruta del esfuerzo. A través de la concentración, te esfuerzas con el corazón, la mente y el alma para congregar al ser interior con tu verdadera y más elevada esencia. La mayoría de los sistemas místicos y todos los tipos de yoga se basan en la ruta de la concentración. La concentración tiene sus raíces en el hemisferio izquierdo del cerebro. A través de un proceso gradual de perfeccionamiento continuo, este camino también lleva a una visión iluminada de la naturaleza de la realidad.
Entre esos dos caminos encontramos la contemplación. La contemplación utiliza aspectos tanto de la meditación como de la concentración. Tiene sus raíces en el cuerpo calloso, la parte del cerebro que une los hemisferios izquierdo y derecho. La contemplación implica una especie de digestión celular.”
Soy muy escéptico con todo este mundo oriental occidentalizado, quizá porque sea muy vago a nivel de usar técnicas. El propio lenguaje, cuando huele a yoga, meditación, tantra y demás polladas, me echa para atrás.
Lo castellano, a lo Santa Teresa y San Juan de la Cruz, quizá me resulte más cercano, y diré que lo místico me pone más.
Pero en el fondo, todo esto de lo transpersonal me suena a milonga de un exceso de LSD mental, incluso aunque se empeñen en buscar cualquier tipo de explicación científica a modo de campo fuente cuántico para fundir uno de tus yoes en mística unión con “él”.
Who is he, she or it?
Soy de los que siente que el neocórtex tiene sus limitaciones funcionales y que, por ello, la biología trae mutaciones para el siguiente paso transpersonal.
Una cosa es decir lo que la gente necesita oír para creer (y vender más), y otra observar los procesos y concluir con esto o aquello.
El Diseño Humano habla de un pasajero que observa el mecanismo cuerpo-vehículo / mente-personalidad, y que de algún modo hay que enseñar a la mente a darse cuenta de que simplemente es una interfaz intermedia entre vehículo y testigo, y que no tiene vela en este entierro.
Simplemente, mi niña, tú mira, observa, y luego, si eso, cuando hayas aprendido las temáticas que tienes que observar según el mecanismo cognitivo de tu vehículo, ladra tu autoridad externa.
Como siempre, hay algo oscuro en toda esta explicación, pues el testigo no hace nada: está montado en la silla caliente encima de nuestro centro de la cabeza, a modo de vaquero que intenta no caerse de los embistes que remueven el toro bravo de nuestro body.
Then, hey, ¿hay alguien más ahí?
Uff, qué pereza meter ahora a Freud, Jung y demás fauna con todos sus yoes, its, egos, sombras, superyoes, niñitos y demás.
Lo sé, me la casco mucho, pero ¿quién se la casca?
Es como esa serie de libros de buscar a Wally, aunque él llevaba gafas, gorro y suéter de rayas rojas.
Aquí, en cambio, no tenemos ni puta idea de qué pinta tiene.
Especulemos.
¿Y si todo esto es una milonga del antropomorfismo y de su lenguaje vanidoso?
¿Y si esa metacognición de la que hablan ahora, y que a mí me gusta más, es simplemente la biota hablando, a través del nervio vago, a los límites funcionales del neocórtex?
Esos quarks escondidos en el alma del protón que encarnan en biota celular y que, en interacción, hablan un lenguaje físico, químico y biológico, y que nosotros traducimos desde la superioridad absurda de la especie supuestamente humana con un lenguaje vanidoso y condicionado por la ley, la religión, la moral y el amor.
Por eso, el único secreto es un cuerpo y una biota sanos que permitan que tu diamante mundano esté presente. Luego, las circunstancias de la vida son un puro juego de lotería para esa loquita mente condicionada que mira y que quiere decidir.
© Alf Gauna, 2026