Más allá de Píos, Gregorios, Inocencios, Leones…
Parece que en la curia hay fractales.
A los 8 hice la Primera Comunión, pero tenía la boca llena de llagas y no recuerdo si llegué a tragar el cuerpo de Cristo; el canibalismo me cuesta.
Su sangre en forma de vino menos, pues con el alcohol entro en shock anafiláctico.
Hice de monaguillo un par de veces en la parroquia de Santa Elena y compraba la palma de Semana Santa en la de mi virgencita de Lourdes.
A los 13 dejé la Iglesia y la religión.
Cambié a Dios por el kosmos.
Y aquí sigo, de kosmólogo.
Realmente es solo un problema humano de usar nombres chungos con demasiado antropomorfismo.
Yo solo moví el centro de lo humano a lo kósmico.
Desde siempre me quedaba atontado con las películas religiosas.
En especial con “Las sandalias del pescador”, donde un Quinn hacía de papa ucraniano, preso en un gulag de la Siberia de Stalin, y vendía todas las propiedades de la Iglesia para dárselas a los chinos y paliar la hambruna de los 50.
Mi hija alguna noche me acompañaba; con 7 u 8 años, por la adrenalina de acostarse tarde, se tragaba una peli de dos horas y pico.
Yo simplemente lloraba.
Está el papa yankee por los madriles; me parece buen tío. Aunque ya sabes, la gente que lo critica lo hace por lo que representa, incluso por de dónde proviene. Yo mismo he puesto “yankee” para provocar el etnocentrismo o el antiimperialismo.
Sí, las críticas provienen desde el primer grado de consciencia.
Yo veo la TV, le veo saludar, veo a la gente entusiasmada y lloro.
Cuando acercan la imagen del público, un zoom in, ese lloro se convierte en escepticismo, pues veo un público básicamente azul, de esos que son católicos por herencia y no por convicción.
Es distinto cuando el otro es un necesitado; quizá sean mis nodos. Ahí el lloro es profundo.
Más allá del catolicismo, o del business anglosajón protestante-anglicano, o del ortodoxo oriental, siempre he defendido mi cultura cristiana.
Un cristianismo con mood castellano; ya sabes: frío, místico, con cilicios y orgasmos poéticos a lo Santa Teresa o San Juan de la Cruz.
Lo kristíco se basa en el único y verdadero derecho humano: existir.
Existir es el único sinónimo de amor.
Y siento que fui papa de los pobres, indefensos y vulnerables en otra vida.
E incluso usé el látigo, como Kristo expulsando a los fariseos, aquellos que utilizan la necesidad de los otros para aprovecharse.
© Alf Gauna, 2026