A vueltas con la biología

Siempre he puesto la pirámide de las necesidades de Maslow al revés.

Un Proyector 4R es consciencia encarnada.

Un trozo de carne que siente todo, desde la superficie hasta las profundidades más kósmicas.

No, no es un problema de consciencia; es un problema de la biología del carbono.

Ya he comentado alguna vez que en Disney Channel había una serie de aliens donde la sociedad se dividía, aparte de unos pocos humanos gilipollas, en tres grupos: cyborgs, sintéticos e híbridos.

Los cyborgs eran humanos con diversas prótesis de silicio.

Los sintéticos eran los robots habituales.

Pero lo interesante eran los híbridos: sintéticos a los que se les había traspasado el “alma” de niños que iban a morir de alguna enfermedad terminal.

Peter Pan, Wendy y los niños perdidos.

Desde niño he soñado con ese download e incluso con un cuerpo sin necesidades biológicas.

Mientras Musk desarrolla la técnica, aquí sigo luchando con la homeostasis celular, orgánica, emocional, ambiental y sistémica.

Os diré que estoy hasta las bolas de esta batalla diaria cuando sabes que la guerra siempre se pierde.

El juego de lo absurdo que vistes de propósito para trascender el nihilismo carnal temporal.

Soy una máquina de vomitar consciencia, pero también soy una máquina de tragar inconsciencia; mierda que transmutar con un dispositivo biodegradable.

Mi Saturno de Diseño 41.4.3, que rige la exhalación, no está protegido por mi PHS y, como bien dice, es un continuo camino donde «el instinto de supervivencia permite manejar con éxito las limitaciones», en lucha diaria contra «aferrarse a los sentimientos para evitar la rectificación y, en consecuencia, la adaptación positiva a las limitaciones».

Este es el quid.

Supervivencia versus emoción.

Una apuesta diaria entre el miedo y la necesidad, cuyo posible precio es una muesca más en un cuerpo ya de por sí muy magullado.

Un bucle que rige cada interacción, cada decisión; que bloquea, que procrastina.

Mi cueva, el silencio y la ausencia de visiones lejanas me protegen, aunque no del todo, pues incluso por lo virtual la mierda entra, y esa exhalación es el feedback de la calidad de lo recibido.

No es cuestión de bueno o malo; es cuestión de que lo que venga sea genuino, más allá de lo doloroso que pueda ser.

Yo transmuto el dolor de los demás sin problema cuando realmente siento que es genuino.

Y mi mente no decide.

Deciden mis lágrimas kósmicas.

El Último Samurai
— Alf Gauna

© Alf Gauna, 2026

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