El Último Samurai.

El Último Samurai.

No me gusta Tom Cruise, Koyuki si. Pero me emociono con su película “El Último Samurai”. Mi cuerpo resuena con este tema del honor, brotan unas lagrimas inconscientes.

Podría ser porque Alf en su cuerpo terrestre es una loca emocional al estilo de Sofia Loren con su traje negro manchado de harina, peleando con Marcello Mastroianni, mientras cocina unos “ñoquis al dente”. Pero no, no son lágrimas ni violentas ni pasionales.

El honor es un tema culturalmente complicado. Se funde o se confunde con muchas cosas desde sentir el apoyo de los tuyos, a una cualidad moral vinculada al deber, a la virtud, al mérito, al heroismo, a la gloria, a los cargos, a la tonteria social, a tantas y tantas cosas.

En la actualidad, se relaciona con el derecho a la propia imagen, al derecho a la intimidad personal y familiar. Incluso a la necesidad del derecho a la protección de nuestros datos. Nuestro honor se reduce a esconder nuestro número de móvil , a salir o no en una lista de morosos o en una búsqueda de google.

El honor se asocia a la información de lo que tienes o has logrado más que a lo que eres.

Mi cuerpo sigue llorando. Y sigo sin saber porque.

Los humanistas asocian el honor al concepto de dignidad humana. Un derecho inherente al hecho de existir e independiente del condicionamiento externo, de nuestra trayectoria vital, de la raza, del sexo o de la condición social.

Todas estas explicaciones mentales no impiden que las lagrimas sigan brotando, suavecitas.

Quizá haya que aceptarlo sin más.

Me adentro en alguna causa psicológica, algún trauma, alguna herida de la infancia, algún transtorno de estrés postraumático, alguna falta de respeto a mi mismo, a la falta de coherencia con mi ser. No, sé lo que es eso, ese cuerpo no llora tenuemente, llora de forma desgarradora.

Continúo dandole vueltas y vueltas. Me hago preguntas aburridas:

¿El honor implica reconocimiento?

¿El honor es que te quieran solo por lo que has logrado en la vida?

¿El honor tiene algo que ver con cumplir promesas?

¿Hay alguna relación entre honor y eros?

Realmente ¿importa una mierda el honor?. Quizá esto me resuene un poco más.

Parece que por este camino no encuentro nada.

Pruebo de otra manera.

Voy a describir las lagrimas:

Son suaves, dulces y simples.

No hay una bioquímica violenta, brotan solas, despacito.

Parecen lágrimas de pertenencia, “fractálicas”.

Lágrimas de añoranza.

Lágrimas absolutas .

Lágrimas fundamentales.

Si, lágrimas esenciales.

Realmente podriamos decir que son lágrimas Kósmicas. Anteriores al Big Bang.

Invento un nombre para ese nuevo sentimiento:

Honor Kósmico.

Ser consciente de mi dependencia óntica con el universo y todos sus elementos.

Más allá del mensaje edulcorado (“new age”) de todos somos uno.

Amar al otro y a la naturaleza como a ti mismo.

Un bello sentimiento de naturalismo poético.

© Alf Gauna,2017

 

 

Un comentario sobre “El Último Samurai.

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