Ra se empeñó en comenzar por la superficie.
Vale.
Es lo que hay.
Yo la superficie la abandoné nada más empezar esto del Diseño Humano.
Ayer, con una clienta —proyectora, of course—, me di cuenta, bueno… again, de que la marabunta de conceptos y elementos de corrección-incorrección con los que nos bombardea la pedagogía absurda del DH, más que ayudar, confunde.
El proyector necesita porqués.
No los “porque sí” de Ra.
Aunque al final lleguemos al mismo lugar, al no choice, necesitamos recorrer ese camino por nosotros mismos.
La Cosmología del Rave, la Teoría de Bases o la Teoría de la Yuxtaposición quedaron relegadas a un gris segundo plano, como si fueran niveles avanzados reservados para quienes, a golpe de talonario, decidimos seguir excavando.
Cuando sacudes las batallitas de los libros, doscientas cincuenta páginas se convierten en cincuenta.
Y de esa criba emerge la perla.
La esencia.
La que ilumina la filosofía de vida que realmente sostiene todo el sistema.
El kosmos quiere conocerse.
Y para ello se automanifestó enviando trillones de testigos —los protones— por doquier.
Por primera vez se desplazaban desde la fuente para investigar, en relación, a través del electrón, quién era esa misma fuente.
En su interior llevaban oculto un poder secreto: el giro, el mal llamado monopolo magnético, el principio que orientaba su camino.
Existía además otro elemento, ligero, casi libre de masa, encargado de que cada descubrimiento pudiera comunicarse al resto: el neutrino.
De la interacción de esos cuatro elementos nació el quinto.
El espacio.
Cinco campos.
Cinco Bases.
Los cinco fundamentos que, antes de todas nuestras pajas egoicas, conforman aquello que el Diseño Humano denomina Bases y hacen posible la realidad.
A esa especie de amplituhedro cuántico Ra la llamó Cristal de Diseño.
Y aquí llegó la fábula.
Tomó unos cuantos de esos Cristales de Diseño, los giró y los rebautizó como Cristales de Personalidad para que pudieran ser testigos de la experiencia del proceso encarnatorio.
Bueno…
Venderlo como un alma eterna siempre seduce más al ego humano.
Ok.
Veamos brevemente en qué consiste ese proceso.
Fijémonos únicamente en los cristales.
El secreto es que, al encarnar, se construye una especie de alien formado por un Cristal de Diseño y un Cristal de Personalidad cuya única función consiste en filtrar la información del campo de fondo de neutrinos que impregna el kosmos.
Siempre se repite que los neutrinos nos atraviesan.
Yo prefiero decir exactamente lo contrario.
Somos nosotros quienes atravesamos el océano de neutrinos mientras viajamos por el kosmos.
Todo depende del sistema de referencia.
Ya sabes.
Movimiento es creación.
Esos cristalitos viajan a lomos del potrillo llamado Gaia.
Y Gaia gira.
Gira sobre sí misma.
Gira alrededor del Sol.
El Sistema Solar, a su vez, recorre la Vía Láctea con un plano inclinado aproximadamente 60° respecto al plano galáctico.
Y la propia galaxia continúa también su danza por el universo.
Además, Gaia precesa 23,5°, nuta y añade otros pequeños movimientos —como el de Chandler y otros ciclos menores— hasta completar, aproximadamente, esos 88° necesarios para que el Cristal de Diseño y el Cristal de Personalidad puedan encarnar en carne.
De algún modo, el Cristal de Diseño, mareado tras perder su giro esencial, busca constantemente su sitio entre tanto giro.
Por eso el cuerpo, encargado de portarlo, necesita ayudarle a encontrar de nuevo su orientación.
Ya sabes.
Estrategia.
Autoridad.
Determinación interna.
Determinación externa.
PHS.
Poco a poco, ese Cristal de Diseño se comporta como un giroscopio.
Va corrigiendo su orientación hasta colocar su Base genuina en el ángulo adecuado para atravesar el fondo de neutrinos correspondiente a esos 88°.
El monopolo es el que se encarga, cuando ese giroscopio bien orientado, de enlazar, a través del Nodo Norte de Diseño, con la personalidad para decirle:
“Eh… ya estoy colocado. La temática que toca vivir es esta puerta y esta línea.”
Son lentejas.
Puedes protestar.
Pero no puedes dejarlas.
Porque, si las ignoras, dejas de recorrer tu propio camino.
Comienza entonces la última fase de la Transformación Radical.
La Psicología del Rave.
Esa cabecita loca, mareada por la dualidad, intenta convertirse también en un nuevo giroscopio.
Aprende a orientarse según la Base y a seguir las señales del cuerpo.
Y cuando finalmente encuentra su posición, devuelve la información al cuerpo, a través del Nodo Sur de Personalidad de enlace, señalándole las temáticas psicológicas que deberá integrar durante el viaje.
Ese coito tiene lugar en la Puerta 2.
Ahí reside el monopolo.
Sí.
Ese que mantiene el sueño de la separatividad y todo el bla, bla posterior.
Es el único punto donde ambos giroscopios, el del cuerpo y el de la personalidad, encuentran el mismo eje.
Ahí emerge el quantum del ser holístico.
Y con él, la autoridad externa.
Claro…
Todavía quedan muchos secretos.
Lo “trans” de los tonos, por ejemplo.
Pero eso…
Será “pa otro día”.
O quizá…
Para el taller de octubre.
© Alf Gauna, 2026