La Música de mi EQ

Decíamos ayer, sí, a lo Fray Luis de Leon, en verdad, no sé en qué encarnación comencé a escribir…

…que los cuerpos físico, emocional-astral y mental involucionan encarnándose en forma del anillo codónico-aminoácido de la materia formado por 5 claves-puertas durante nuestros primeros 21 años y 9 meses de vida.

La clave/puerta 48 se imprime celularmente entre los 7 y los 14 años. De alguna manera esa porción local, transgeneracional, cultural y del inconsciente colectivo del campo morfogénetico emocional que nos toca se encarna en nuestras células gestionado por las temáticas de esa Clave.

La inadecuación es la mano negra que “mece nuestra cuna” durante esta etapa. Ese patito feo, esa oveja negra, se instala en nosotros. Unos se rinden y se homogeneizan para sobrevivir, otros se rebelan.

Para seres receptivos quad-r como yo, que no tenemos en nuestro cerebro eso de la “inhibición latente”, estamos bombardeados desde que nacemos de un condicionamiento cultural que se expresa de múltiples maneras.

En mi caso la música moldeó mi EQ. El sonido es quizá aquella fuente de condicionamiento más fuerte pues establece la geometría neuronal en un juego de resonancias, armonías o disonancias.

En cualquier momento una melodía puede despertar cualquier patrón grabado y hacer de trigger emocional.

Las luces y sombras de papa, mama, un hermano, un amor, un amigo, un profesor, un suceso se despiertan como ángeles zombies en forma de bioquímica, ya sea un chute de cortisol,dopamina, serotonina u oxitocina.

El juego consiste en aceptar ese juego inconsciente grabado a cincel de manera que emerja creativamente.

Papa, putero y alcohólico, maravillosamente seductor, era un romántico empedernido. Nunca nadie lo supo, ni a mi me lo dijo, no hacía falta, sus vibraciones quedaron grabadas en mis células y, cuando escucho a Mari Trini , no hace falta que te guste, el amor a ese ser kósmicamente inadecuado me llena como HOMBRE sanando nuestra alexetimia cultural latente.

Así te das cuenta que después de 101 años después de su nacimiento, 33 de su partida, no tengo sólo su adn sino la epigenética de su vida.

Por eso spotify es mi fuente de registros akhasicos, el cementerio de mis muertos vivientes. El cielo y el infierno de los cristales de conciencia desencarnados.

Allí donde el bien y el mal es una simple vanidad humana más.

©Alf Gauna, 2022

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