El otro día, una exclienta me dijo que me había humanizado.
Supongo que se basaba en la evolución editorial de mis escritos en este blog.
Mi cuaderno de bitácora.
Y mi reacción inmediata:
🤔
¿Mi?
Really, me cuesta el “yo”.
Podría haber puesto “él”, pero suena muy advaita y les tengo manía.
Y comenzó la indagación…
¿Humanizado?
Lo primero que me viene:
¿qué coño es eso de ser humano?
¿O qué es lo humano?
¿El Homo sapiens sapiens?
¿El Homo sapiens in transitus?
¿El que se preocupa por esa especie?
¿La parafernalia cultural de su civilización?
¿El derecho a existir?
¿Hay que tener “yo” para estar humanizado?
O simplemente lo que me decía una novia cuando era adolescente:
“Tío, le das mucho al coco y yo lo que quiero es follar…”
Zas. De golpe, me hizo humano.
Me dirás: los animales también follan. Bueno, somos animales, pero podemos follar con guion.
Eso: somos animales cinematográficos.
La puerta 55 es el camino del Terminator que, con un cuerpo prestado, evoluciona hacia el espíritu kósmico.
La 22 es la gracia: el espíritu que se hace carne.
Uno va del infierno al cielo; el otro, viceversa.
¿Dejas de ser humano cuando sientes que no hay cielo ni infierno?
Que todo es una milonga…
En ese momento es cuando solo queda follar y reír.
¿Follar riendo: lo único verdaderamente humano?
¿O las hienas ríen al follar?
Está claro: mi novia tenía razón.
Sabia. Muy sabia.
Humana. Muy humana.
© Alf Gauna, 2026