Sigo buscando algún vestigio de novedad en mí.
Sí, es narcisismo.
Evidente.
Pero lo humano necesita de lo liminal para sobrevivir al Dasein.
La piel delimita dónde acaba el ser y dónde empieza el Dasein.
No me valen las milongas del testigo, del alma, de la psique, de la mente, de la personalidad, de cualquier cosa más allá de la máquina.
Investigo qué hay de nuevo más allá de lo heredado durante 13.800 millones de años de historia kósmica.
¿Qué emerge?
No hablo de propósito.
Hablo de innovación.
De lo que nunca existió y ahora surge.
No me gustan ni la individuación ni la diferenciación.
Son comparación.
No, no me gusta tener que usar un patrón homogéneo para reconocer lo diferente.
Hablo de creatividad.
De arte.
De creación.
Sueño con que sea ex nihilo.
Sí, el súmmum del narcisismo.
Hay que filtrar el antropomorfismo noosférico; sí, soslayar el lenguaje, algo que, escribiendo, resulta casi imposible.
Incluso hablo de trascender el kosmocentrismo.
Claro, eso me conduce al dios creacionista.
Y también me rechina.
Indago en una nada; mejor dicho, en una no biografía kósmica, para observar cómo surge de mí, como liminalidad kósmica, lo nuevo, lo inefable.
Una nueva perspectiva metacognitiva ante el puzle de lo que hay.
Sí, el arte de un no soy yo.
Lo bello per se.
No hace falta verdad.
No hace falta bondad.
Nadie, desde la nada, creando un nuevo Pantone musical.
© Alf Gauna, 2026