Deambulando por la ciudad

La vida sigue su rumbo.

Mejor dicho, mi nave espacial sigue su rumbo e interacciona con la vida.

Paremos un momento aquí.

La vida no tiene rumbo; simplemente sucede.

Es mi movimiento el que interactúa con lo que sucede. Y mi forma de sentirlo, razonarlo y responderle cincela “mi” experiencia.

El ego pone el “mi”, pero en realidad es una simple “la”.

Una más.

Then:

Tenemos trayectorias y un conglomerado de interacciones que conforman lo que sucede.

Dicen que nuestra trayectoria está marcada de antemano y que no hay tu tía: lo suyo es seguirla si queremos que la cosa funcione.

Yo, ya sabes, mi niña, desde mi Quirón, allá por el 21.12.2012, simplemente morí al control del ego. Puedes quitar el “yo” del principio de la frase.

No significa que el encabronamiento no siga dando por culo. Significa que ahora lo ves como una serie de Netflix, tipo Stranger Things: la sufres, sí, pero ya no tiene el control del guion, ni de los plot twists, ni de los to be continued de la próxima temporada.

Parece ser que los nodos de diseño marcan esa trayectoria preestablecida para cada pavo que encarna.

Y toca deambular por la city, en modo 6. Tú ya sabes, mi niña: un poco en modo dron.

Aunque la superficie sea tribal, la cognición receptiva, los nodos de enlace —los que realmente marcan la película cognitiva— me llevan a las alturas para guiar desde allí, lejos del cuerpo a cuerpo.

Y cuando digo guiar, lo digo en un sentido impersonal. Es decir, para quien tenga a bien referenciarse con mi posición y con mi trayectoria.

Te “droneo” hasta tu lugar de destino.

After this…

Tú mismo.

Tú misma.

Tú misme.

Meanwhile…

Como cantaban los Manhattan…

Walking on New York.

© Alf Gauna, 2026

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