Los títulos largos no venden, dicen.
Nunca he vendido nada.
Y cuando lo hice para otros, duré poco.
Según mi ADN, lo mío es el servicio desinteresado.
Bueno… el Quijote a veces lo llevo a extremos insanos, muy de misionero.
Ya sabes: si encima desciendes de Euskaldunes, empresarios además, y salvo el mayorazgo, el resto curas, monjas, militares o amas de casa… bueno, algún que otro maestro o maestra… o emigrar a Cuba.
El poeta tenía que esconderse, pues se identificaba con la rama loca de la familia.
Escribir es de fracasados.
Bueno, el arte en general: no más que un hobby.
Una extraescolar, para entretener u ocupar el tiempo del niño y no aguantarlo en casa.
¿Y el amor?
Pues para mamá, sus novelistas rosas: María Luisa Linares o Rafael Pérez y Pérez.
Corín Tellado no era de su devoción.
Mientras tanto, el hombre: putas y alcohol.
El adulterio, como decía mi hermano el poeta, se perdonaba en el acto psicomágico de siete hijos.
Don Pelayo, mi rama asturiana, hablaba el idioma guerrero de la Reconquista, todo muy yang: nuevamente empresario, político, científico… y las putas se quedaban en amantes.
Bueno, esto es para boomers.
A los millennials, zetas y demás, este idioma les escandalizaría.
Mami me nombró escudero de madres, mujeres, en general, seres indefensos.
Yo cogí la espada de San Jorge para cortar las pelotas de los dragones que eyaculaban fuego por su polla.
Really, George?
What else…
Al final, el Jorgito, como Ogino tardío, salió confundido de tanta semilla transgeneracional en esto del amor, del sexo, de las relaciones.
Ese cóctel molotov transgeneracional se adornó posteriormente con esas sombras y dones marcados a cincel en el ADN de serie: eso del Diseño Humano, las Claves Genéticas. Vamos, las esferas celestes de esa tu encarnación en ese instante espacio-temporal kósmico.
Transgeneracionales, epigenéticas, el propio diseño… y añádele el condicionamiento biográfico.
Vamos, una “casa de putas”.
Nota de desagravio:
Siento el lenguaje putero, pero hoy escribo desde el siglo XX: sesentas, setentas.
Sorry again.
Claro, la pregunta del millón es:
¿Quién coño ama?
Y, en consecuencia:
¿A quién coño estás amando?
Si me apuras:
¿Tiene sentido amar?
¿Hay sitio?
Incluso, el niño confundido se pregunta:
¿Qué cojones es eso de amar?
Pues sabes… la vida es sabia.
Y, a pesar de todo esto,
ahora lo siento.
Aunque no haya palabras para explicarlo, se puede describir lo que se siente:
Confusión.
Dolor.
Devoción.
Éxtasis.
Ternura.
Placer.
Sin sentido.
…
64 x 3 x 2 sombras, dones y siddhis.
Todo muy físico-químico en forma de siete sentidos cognitivos que vibran en cada célula.
Y no.
No es personal.
Es fractal.
Post.
Turquesa.
© Alf Gauna, 2026