Mis Labores

Mama tenía de profesión: “sus labores”

No tuvo la suerte de estudiar.

A mama la casaron y le hicieron 7 hijos sin orgasmos.

Papa tenía de profesión: “industrial”

Las abuelas con hijos varones fomentan el machismo.

A papa le casaron porque el pecado se tapa con la familia.

Sí, el árbol familiar manda, esconde lo innombrable.

El fractal genético epigenéticamente mutado por el que dirán, sí ese darwinismo del que el más apto sobrevive culturalmente en un entorno moralmente establecido. El libre de pecado, el político intachable, el casto líder religioso, la virgen preñada sin varón, arquetipos que, como piezas de un puzzle, conforman el maia de la vanidad para esconder al pecador, al corrupto, al clérigo pederasta o la explotación sexual.

A veces la serendipias kósmicas permiten la emergencia de manzanas podridas, una especie de patitos feos con consciencia, esas ovejas negras que se desvían del “que dirán” en pos de ese “que más da lo que digan”. 

Aquellos que despiertan a la terrible realidad de que la familia no deja de ser más que la unidad básica de explotación capitalista más allá del amor filial y maternal.

Aquellos buscadores de las heridas familiares, transmutadores del pecado original, sanadores más allá del bien y del mal, revolucionarios kósmicos, agentes mutantes de civilizaciones en vías de extinción, asesinos de dogmas, violadores de paradigmas, pesimistas que con humor aceptan la realidad, optimistas del Apocalipsis, terroristas extraterrestres que ponen bombas multiperspectivistas para el despertar del zombieland mental.

Esas personas que se salen de la fila cansados de esperar a como encajar en la vida como “la familia” y la sociedad quiere, lo valientes que dicen: “para que yo me bajo en esta estación” , ellos y sólo ellos van a ser los verdaderos protagonistas del período convulso que se aproxima: los nuevos “locos años 20”.

Se habla mucho del grupo y se diluye la individualidad. Sin un individuo maduro el grupo es una manada.

Se habla mucho de la gestión del cambio organizacional pero se invierte poco en acompañar el cambio individual.

Un bla, bla, bla grupal que enmudece el sonido consciente individual.

El descondicionamiento mental es la sordina natural para filtrar con sabiduría el bla, bla, bla de la batidora de la homogeneización. No te confundas, no es un mindfulness sino es un proceso celular, un proceso de vida que cada vez comienza más gente pero que muy pocos acaban.

Poco a poco tu cuerpo comienza a resonar con lo que es para ti y se abre un camino, tu dharma de individuación, allí donde el karma de las heridas familiares, humanas y kósmicas mueren, alli donde el propósito de tu encarnación florece.

Allí donde comienza tu verdadera profesión: “tus labores”.

©Alf Gauna, 2019

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